sábado, 1 de octubre de 2016

El beso

 Son sólo las tres y media y me queda esperar un rato hasta que tía Isabel me llame a tomar la leche. Hoy no vino Alfredo para jugar con la bici, qué bronca me da si sabe que vengo los viernes a la casa de la abuela. No sé qué hace que no sale de la casa. No voy a ir a buscarlo, a ver si me atiende la madre y chau bicicleta. La vereda está un poco sucia, parece que estuvieron los albañiles en casa de tía Delia y la mugre de una vereda se va a la otra de la tía Isabel. Así no van a venir ninguna chica por acá, es un asco de mugre. Mejor barro un poco. Me acuerdo que Natalia un día se cruzó y me preguntó por la bicicleta. Que a ella no la dejaban traer la de su casa. Por acá es tranquilo andar en bici, veredas anchas, árboles generosos y poco tránsito. Todos vivimos en otra parte, salvo Alfredo que vive con la madre y el abuelo. Se debe aburrir un montón en esta vereda, si son todos viejos acá; los nietos venimos viernes, a veces los sábados por la tarde. Yo me divierto un montón cuando saco la bici y damos vueltas y vueltas a la manzana con Alfredo, nadie dice nada, ni don Furlotti que tiene el almacén abierto todo el día y le pasamos por la vereda como ochenta veces a mil por hora. Natalia usó una vez mi bici a cambio de unos chicles porque si no qué iba a hacer yo mientras ella rumbeaba de lo lindo por el lado de la panadería? Cuando llovió la otra vez nos fuimos a la casa de mi tía Isabel que en realidad es mi tía abuela, mi tía vive en barrio Candioti y la veo menos cuando papá se le da por visitar a los abuelos porque ella es soltera y vive con ellos. Esa vez que llovía Natalia que estaba sola sin la prima vino a casa a jugar al ludo. Pero a la tercera vuelta nos aburrimos y empezamos a jugar a las adivinanzas, después contamos chistes y a Alfredo se le dio por apostar quién besaba mejor, Natalia se prendió al juego y a mí no me quedó otra que decir que bueno, dale. Entonces Alfredo apagó la luz y le dio un beso a Natalia, claro que yo no vi nada pero escuché el ruidito medio zonzo de beso apretado, después las risas. A mí me tocó después, me dijo Alfredo que él apagaba la luz y que le agarre la cara a Natalia si no le iba a dar el beso a cualquiera. Yo le hice caso, aunque Natalia no paraba de reírse, entonces le dije que así no, que no se puede dar un beso si ella tiene la boca abierta. Tratamos de callarnos los tres para que no venga tía Isabel a ver qué estábamos haciendo en el living con la puerta cerrada y entonces cerré los ojos (no sé para qué los cerré si igual estaba oscuro y le planté un beso más forzado que tímido en sus labios con gusto a chicle gastado. Qué va, habrá durado tres segundos el beso y la luz del velador que prendió enseguida Alfredo dio por finalizado mi turno. Alfredo quería otra vez él pero a mí me dio no sé, miedo a que venga mi tía Isabel y se enoje conmigo, por lo que estábamos haciendo con Natalia que es la nieta de su vecina. Entonces les dije que mejor nos fuéramos a otra parte, o que mejor se fueran ellos que había oscurecido. Ahora estoy acá sentada en la vereda, a una semana del juego, esperándola a Natalia, con la bici inclinada en el umbral, a ver si se cruza a dar un par de vueltas a la manzana, si me da a cambio chicles de frutilla, si también se prende Alfredo con la bici y me da un beso al pasar, digo.
                                                                                  J.G.

 
El beso mágico
Marc Chagall

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