miércoles, 29 de octubre de 2014


La soledad va dejándome
sin el sueño de tus noches;
penumbra húmeda
y distante,
el ámbar de tus ojos
es una dulce muerte.

                             J.G.



sábado, 25 de octubre de 2014


No importa el nombre
ni la memoria
de una noche vacía.
No será este duelo
una danza repetida
en el espejo.
Del otro lado
me esperan las cenizas.

                           J.G.



jueves, 23 de octubre de 2014

De "Noches y días"


La luna es el blanco equívoco
de mis noches tristemente
solitarias. Imagen duplicada
de la pérdida,
desgarra soledades,
muerde el vacío.
Enloquezco amorosamente
en el remolino.

                             J.G.

Sergio Santini
ArtedeVillaFox

                 

sábado, 18 de octubre de 2014

De "Noches y Días"


El duelo será infinito:
el amor o el olvido.
Tu ausencia
será una daga negra,
una sombra sin memoria,
un cuerpo quebrado.
Correrán las lunas
en mi andar quieto.

                          J.G.



jueves, 16 de octubre de 2014


Variaciones del Aleph de J.L.Borges.

   “Si el Aleph era la inconfundible expresión del universo, vi el Aleph. Vi el reflejo de un espejo roto, duplicado en un invierno del que no quiero volver. Vi el abismo, como un filo, como una angustia partida. Vi a mi padre ante el espejo, lo vi llamando a alguien, tal vez a mí. Vi la tarde declinándose como una pequeña muerte. Vi altos ventanales de una casa a la que nunca entré. Vi una lámpara encendida y debajo, un tesoro. Vi la noche oculta en la neblina. Vi la noche más cerrada aún y la esperanza de un dios. Vi la noche solitaria, y el día, más solitario aún. Vi una puerta abierta, vi una silueta tantas veces inquietante allí. Vi un punto luminoso en el pasillo, como una confesión. Vi un hombre y sus ojos de un azul clarísimo caminando hacia un pasillo indescifrable para mí. Vi su guitarra inmortal en la espalda como un tatuaje de sí mismo. Vi hacia el final del pasillo unos libros amados y dos hombres inconfundibles en mi memoria literaria: el entrañable bibliotecario ciego y el caminante parisino con sus juegos al hombro y su gato. Vi un testigo de mi cuerpo hurgándome sin vergüenza como un ritual. Me vi a mí misma así y vi mi pudor. Vi el ambiguo movimiento de otro cuerpo, casi místico. Vi el campo que tanto amé y su verde profundamente azul. Vi el añoso árbol y su invisible cadencia vital. Vi una palabra escrita en la tierra como un símbolo. Vi a alguien a lo lejos llamándome con un nombre que había olvidado, y entonces lloré”.
                                                                                                       J.G.         

               

lunes, 13 de octubre de 2014

El arte no nos salva, como desearíamos , de la guerra, las privaciones, la envidia, la codicia, la vejez o la muerte, pero puede revitalizarnos en medio de todo".
                                                                                          Ray Bradbury









De "Noches y días"


La calle desliza la luz piadosa
del único farol detenido en la esquina.
Su vaga luz amortigua el deseo.
Algo me dicen el revés de tu sombra,
el afán de tus manos.
La curva crispada de la espalda
insinúa el pacto.
Anochece.

                               J.G.

Sergio Santini
ArtedeVillaFox

sábado, 11 de octubre de 2014


El arco

El arco tensa
la línea cruda
del destino.

Un punto es abismo
y creación.
La nada después
o el motivo,
a veces incierto
de ese punto
blanco o negro.

Tal vez lleguen
a ser tintas
tensadas,
unidas
al infinito.

Tu espera
reserva el final,
la inflexible
cuerda receptiva
de que el destino
confluye
en nuestro abrazo.  

                         J.G.


              

lunes, 6 de octubre de 2014


Incierto es el sonido
de tu nombre
alguna vez cercado
en la tierra árida
de mi cuerpo.

Nombre ajado
por el tiempo,
nombre sepia.

Amainan los vientos,
cesan las horas
del áureo círculo
del poniente,
callan las aves.

Mi yo es un anónimo
rastro del olvido.

                           J.G.



 

sábado, 4 de octubre de 2014

SIMÓN CARBAJAL

En los campos de Antelo, hacia el noventa
mi padre lo trató. Quizá cambiaron
unas parcas palabras olvidadas.
No recordaba de él sino una cosa:
el dorso de la oscura mano izquierda
cruzado de zarpazos. En la estancia
cada uno cumplía su destino:
éste era domador, tropero el otro,
aquél tiraba como nadie el lazo
y Simón Carvajal era el tigrero.
Si un tigre depredaba las majadas
o lo oían bramar en la tiniebla,
Carvajal lo rastreaba por el monte.
Iba con el cuchillo y con los perros.
Al fin daba con él en la espesura.
Azuzaba a los perros. La amarilla
fiera se abalanzaba sobre el hombre
que agitaba en el brazo izquierdo el poncho,
que era escudo y señuelo. El blanco vientre
quedaba expuesto. El animal sentía
que el acero le entraba hasta la muerte.
El duelo era fatal y era infinito.
Siempre estaba matando al mismo tigre
inmortal. No te asombre demasiado
su destino. Es el tuyo y es el mío,
salvo que nuestro tigre tiene formas
que cambian sin parar. Se llama el odio,
el amor, el azar, cada momento.
                         Jorge Luis Borges