domingo, 25 de septiembre de 2016

   Sólo para reírnos el tiempo nos humilla. Nos atrae como los peces al vidrio de la pecera, para quedarnos inmóviles, por segundos, observando ese exterior que fluye y pasa. Nada sé del otro lado del vidrio. Ni de vos, ni del otro. Nos mira el tiempo por afuera, como si fuéramos cautivos, en un círculo que es palabra, emoción o ruido. Y sólo nos queda reírnos, para no llorar. O dar vueltas y vueltas en la ciudad para no caer en la desesperación.
                                                                            J.G.


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