La tarde del eclipse solar,
las torcazas volaron sin sentido.
La luna ocultó al sol
y todo fue como el principio,
como cuando una se queda
sin palabras.
Sólo vi una claridad oscura,
a las cinco de la tarde.
Pensé
en la eternidad del tiempo.
Pensé en las vidas
por venir.
Pensé en los ojos del amado
perdidos allá,
donde van a parar los silencios.

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