viernes, 6 de mayo de 2016

De "Bestiario etc."

III

Y yo te digo que el miedo es un espejismo,
que el collar de hilos de vocales
decae en su propio peso cuando amanece.
Es el manto de la noche y de las furias
las que muerden al pie de tu cama
mareándote en un remolino estéril.
El collar es tan hermoso.
Miralo bien,
huele a jazmines,
a hiedra joven.
Parece un saltimbanqui
susurrándote al oído.
Las palabras del collar dibujan
una línea serpenteante
en el cuello,
juguetean en la nuca,
más allá de la almohada.
Y es el collar el que me lleva
a la puerta del enigma
de tu angustia. Pero yo no tengo miedo
de enfrentar a la esfinge.
Serán los años en esta ciudad
abatida por las aguas,
erosionada por el olvido.
Me siento fuerte, invencible
en mi candor de luchadora
novata. Aún así, si ella,
la devoradora de sueños
se ensaña conmigo,
si se le antoja dejarme
amordazada, ausente
de palabras y de otros
símbolos, ¿estarás del otro
lado del abismo?
                    J.G.







Primer poema de "Two English Poems" de Jorge Luis Borges

I
El amanecer inútil me sorprende en una esquina desierta; sobreviví a la noche.
Las noches son olas orgullosas; olas pesadas y oscuras, abrumadas con todos los tintes del despojo, abrumadas de cosas deseadas e improbables.
Las noches tienen el hábito de misteriosos dones y rechazos, de cosas que se dan por la mitad y a medias se retienen, de delicias que albergan un negro hemisferio. Así obra la noche. Te lo advierto.
La marea, esa noche, me dejó jirones y retazos sueltos como de costumbre: algunas odiadas amistades con quienes conversar, música para los sueños, y la humareda de cenizas amargas. Cosas que no le sirven a mi corazón hambriento. La gran ola te trajo.
Palabras y palabras, tu risa; y vos tan perezosa e incesantemente bella. Hablamos y olvidaste las palabras.
El amanecer destructivo me encuentra en una calle desierta en mi ciudad.
Tu figura que se aleja, los sonidos que forman tu nombre, la cadencia de tu risa: esos son los ilustres juguetes que me dejaste.
Los revuelvo en el alba, los pierdo, los recupero; se los muestro a los escasos perros vagabundos y a las pocas estrellas perdidas del alba.
Tu rica y oscura vida…
                                                                 J.L.Borges

 I
The useless dawn finds me in a deserted streetcorner; I have outlived the night.
Nights are proud waves; darkblue topheavy waves laden with all the hues of deep spoil, laden with things unlikely and desirable.
Nights have a habit of mysterious gifts and refusals,of things half given away, half withheld,of joys with a dark hemisphere. Nights act that way, I tell you.
The surge, that night, left me the customary shreds and odd ends: some hated friends to chat with, music for dreams, and the smoking of bitter ashes. The things my hungry heart has no use for.
The big wave brought you.
Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly beautiful. We talked and you have forgotten the words.
The shattering dawn finds me in a deserted street of my city.
Your profile turned away, the sounds that go to make your name, the lilt of your laughter: these are the illustrious toys you have left me.
I turn them over in the dawn, I lose them, I find them; I tell them to the few stray dogs and to the few stray stars of the dawn.
Your dark rich life ... 
I must get at you, somehow; I put away those illustrious toys you have left me, I want your hidden look, your real smile - - that lonely, mocking smile your cool mirror knows.

                                                                      J.L.Borges

Jorge Luis Borges
Foto: Sara Facio



miércoles, 20 de abril de 2016

Antes, después.

Como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al
amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio
aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente…

                   Julio Cortázar
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio

aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna

Julio Cortázar


Julio Cortázar
Foto: Sara Facio

sábado, 16 de abril de 2016

II

Creo en las palabras,
en la esperanza
fresca de los símbolos.
No hay trampas en las vocales
ni en el ligero esfuerzo
en pronunciarlas.
El desierto dejó su marca
aquella noche en que te perdiste
entre las dunas y el otro cuerpo.
Y ese recuerdo es tu genio
en la lámpara.

Invoca a Sherezada de tanto
en tanto. Tras su velo
volverán el fuego, tus manos,
y el silencio.
                         J.G.




Charles Chaplin (Londres 16/04/1889-Suiza 25/12/1977)

El Gran Dictador.

   El argumento de “El Gran Dictador” narra las aventuras de un barbero judío, amnésico desde la Primera Guerra Mundial (1914), que recobra la memoria al subir al poder el dictador Hynkel. Luego de una serie de peripecias, el barbero termina en un campo de concentración. Mientras Hynkel se ausenta momentáneamente del país, el barbero se evade del campo, disfrazado con uniforme militar. Debido a su parecido físico con el dictador, es confundido con éste, y en la confusión pronuncia un gran discurso humanista, ante el estupor de los acólitos de Hynkel.

   “Lo siento, no quiero ser emperador. No es mi deseo. No quiero conquistar a nadie. Quiero ayudar a todos: judíos, negros y blancos. Debemos ayudarnos mutuamente.
     Los humanos queremos ser felices. No queremos odiar ni despreciar a otros. En este mundo hay sitio para todos; la tierra es rica. Podríamos vivir libre y maravillosamente; pero perdimos el rumbo. La codicia envenenó nuestras almas, impuso el odio y trajo miseria y muerte.
    Desarrollamos la velocidad pero la aprisionamos en máquinas que proveen abundancia a la vez que producen privaciones. Nuestra sabiduría nos convirtió en cínicos; nuestra destreza nos ha hecho crueles. Pensamos demasiado y sentimos poco.
     Más que maquinarias necesitamos humanidad; más que astucia, bondad. Sin estas cualidades la vida será violenta y todo estará perdido. El avión y la radio nos acercan. La índole de estos inventos exige bondad en los hombres. Pide hermandad universal, unidad.
     Mi voz llega a millones de hombres desesperados, víctimas de un sistema que tortura y encarcela a inocentes. A quienes me oyen les digo: no desesperen. Esta miseria que nos arrasa es producto de la codicia, de la amargura de hombres que temen el progreso humano.
    Soldados, no se entreguen a los necios que los desprecian, que les dicen qué pensar y qué sentir; que los tratan como ganado y los usan como carne de cañón. No se entreguen a estos hombres irracionales con mentes de máquina y corazones de máquina. Ustedes no son máquinas ni ganado: ustedes son hombres. Guardan el amor a la humanidad en sus corazones. Ustedes no odian. Sólo los que no son amados odian.
    Soldados, no peleen por la esclavitud sino por la libertad. (…)
     Ustedes, el pueblo, tienen el poder, tanto para construir máquinas como para crear felicidad. Tienen el poder de transformar esta vida en libre y hermosa; de hacer que constituya una aventura maravillosa. En nombre de la democracia, usemos ese poder.
     Unámonos y luchemos por un mundo nuevo y decente; que dé la oportunidad de trabajar y brinde un futuro. Con estas promesas los salvajes asumen el poder. Pero mienten, no cumplen con su palabra. Los dictadores esclavizan al pueblo. Ahora debemos luchar para hacer realidad esas promesas. Luchemos para liberar al mundo y derribar las barreras; para eliminar la codicia, el odio y la intolerancia. Luchemos por un mundo donde la ciencia y el progreso conduzcan a la felicidad de todos.
    Soldados, en nombre de la democracia, ¡unámonos!"
                                                                                 Charles Chaplin (fragmento, 1940)


Charles Chaplin
"El gran dictador" 



sábado, 9 de abril de 2016

I
Me dijiste: el tiempo es un juego de dioses
caprichoso y fugitivo,
rueda silencioso en el círculo
ciego de las parcas,
envuelve los días,
opaca las noches,
mira furtivo el momento
exacto en que, distraídos,
nos soñamos inmortales.
Entre tumba y tumbo
marca nuestras cruces
montado en el caballo
de la muerte.


Y yo te digo que los dioses no pretenden
la inmortalidad ni mucho menos,
Tetis, por caso, cayó en la trampa
del cuerpo y las piernas y la boca
del padre de Aquiles;
qué más preciado para una deidad
que la finitud de las horas,
la intensidad de lo que culmina,
la cruel sensualidad de los hombres.

                                           J.G.



domingo, 3 de abril de 2016

Octavio Paz

Noche de verano
Pulsas, palpas el cuerpo de la noche,
verano que te bañas en los ríos,
soplo en el que se ahogan las estrellas,
aliento de una boca,
de unos labios de tierra.
Tierra de labios, boca
donde un infierno agónico jadea,
labios en donde el cielo llueve
y el agua canta y nacen paraísos.
Se incendia el árbol de la noche
y sus astillas son estrellas,
son pupilas, son pájaros.
Fluyen ríos sonámbulos.
Lenguas de sal incandescente
contra una playa oscura.
Todo respira, vive, fluye:
la luz en su temblor,
el ojo en el espacio,
el corazón en su latido,
la noche en su infinito.
Un nacimiento oscuro, sin orillas,
nace en la noche de verano,
en tu pupila nace todo el cielo.


el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio

aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna

Julio Cortázar

                                   Octavio Paz
Octavio Paz
Foto: Sara Facio