sábado, 9 de abril de 2016

I
Me dijiste: el tiempo es un juego de dioses
caprichoso y fugitivo,
rueda silencioso en el círculo
ciego de las parcas,
envuelve los días,
opaca las noches,
mira furtivo el momento
exacto en que, distraídos,
nos soñamos inmortales.
Entre tumba y tumbo
marca nuestras cruces
montado en el caballo
de la muerte.


Y yo te digo que los dioses no pretenden
la inmortalidad ni mucho menos,
Tetis, por caso, cayó en la trampa
del cuerpo y las piernas y la boca
del padre de Aquiles;
qué más preciado para una deidad
que la finitud de las horas,
la intensidad de lo que culmina,
la cruel sensualidad de los hombres.

                                           J.G.



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