viernes, 19 de diciembre de 2025

Cabo Frío

Cabo Frío

  Para hablar de Cabo Frío tengo que decir que fue un viaje largo; primero llegar a Posadas de un tirón desde Santa Fe, derrapar kilómetros antes por somnolencia del conductor (con justa razón, venía conduciendo desde hacía horas), terminar entre los yuyales de la ruta sin rasguños, gracias a Dios, esperar un día para que se reponga el conductor, ir a las Cataratas del Iguazú en el entretanto, volver a la ruta para llegar a Puerto Iguazú, buscar denodadamente un hotel para pasar la noche que en temporada alta escaseaba, transpirar buena cantidad de ropa porque el calor de Misiones es como el de Santa Fe en enero (y estábamos en enero), buscar un lugar para dejar el auto y encontrar un uber que nos lleve a Foz de Iguazú, a la frontera con Brasil, hacer los trámites para cruzar y darnos cuenta de que el conductor no tenía el pasaporte pero igual pudo pasar con su DNI, esperar algunas horas en el aeropuerto para tomar el avión a Río de Janeiro, asumir, una vez acomodada en el avión, que era el primer vuelo en una nave a los cuarenta y tantos, llegar a la madrugada a Río de Janeiro, sortear varios vendedores de buses porque alquilar un auto era carísimo y culminar en la única opción que teníamos que era tomar un taxi para viajar dos horas hasta Cabo Frío. En el trayecto, dormimos los de atrás aunque el conductor inicial de la travesía hablara sin parar en una fusión de español con tonada portuguesa con el taxista, un diálogo que ofició de bienvenida. Al despertar, arribar al hotel asignado, ubicarnos en el apart espacioso pero sin bidet, situación que nos desagradó por completo. ¿Qué íbamos a hacer con tanto rollo de papel higiénico? Seis metros habrá tenido ese rollo. Dormir más para recuperarnos de una noche desvelada dar cuenta que estaba en Brasil por primera vez y conocer, luego, cómo era la playa de arena casi blanca y de aguas cálidas aunque se llame Frío porque en ese lugar no son tan cálidas pero para nosotros son aguas termales.. Cabo Frío es un municipio de Río de Janeiro, muy concurrido por lo que pudimos comprobar. Es como decir Mar del Plata para el porteño. Como Río es una capital internacional, Cabo Frío es una ciudad popular asentada en una península. Es una de las siete ciudades más antiguas de Brasil. Fue fundada en 1503, setenta años antes que Santa Fe, primero por los franceses y luego por los portugueses en 1615. Obvio que los europeos colonizadores les arrebataron las tierras a los aborígenes, habitantes de esas tierras. los indios tamoios. La ciudad tiene un casco histórico al que visitamos dos veces; sus calles son empedradas y su arquitectura es del estilo de la época colonial. Todo allí es en subida; cuando se llega, hay una vista preciosa de la península. Cabo Frío se instituyó como ciudad en 1815 pero fue recién a comienzos del siglo XX que fue reconocida como tal por la industria de la sal. En 1950 se transformó en una ciudad turística tanto para el brasileño como para los extranjeros. 

 Lo primero que llama la atención es el olor a frito; durante el día y durante la noche, Digamos que no es apto para hipertensos salvo que se abstengan de comer la fritanga que venden en los carribares por toda la rambla. Lo segundo que llama la atención es la cerveza que toman en vasitos de plástico desde las 7 de la mañana hasta la noche. Salvo jugos para los niños, no he visto nada que se parezca a un mate como tomamos los argentinos durante el día. Los brasileños que vacacionaban llevaban sus heladeritas de buen tamaño desde cuando el sol aparecía temprano y acomodaban las mesitas con sus sombrillas en el borde de la orilla del mar para permanecer todo el día así, como lobos marinos al sol. El tercer punto que me llamó la atención es la relación del brasileño con su cuerpo. Los hombres con zunga (Dios mío) aunque tuvieran sesenta y tantos o más con barriga (Dios eso nopuede verse) o sin barriga y las mujeres con bikini, tengan un cuerpoescultural o entradas en carnes. Podemos inferir que el brasileño no tiene pudor, vive sus vacaciones sin importarle si tiene celulitis. Por un lado, me parece bien, no se fijan en qué dirá el vecino. Ellos viven sus vacaciones como si cada día fuera el último día de sus vidas ( y qué bueno que fue así porque ese verano fue el previo al inicio de la pandemia) y comen y toman y disfrutan de la playa, del sol y del parloteo. Nosotros, sin sombrilla, blancos del blanco gringo, no podíamos soportar el sol de un día completo, no está en nuestras costumbres. Uno de los primeros días se nos acercó un hombre alto y flaco, entabló una conversación que yo no podía entender porque no sé portugués,hablan rápido y por lo que entendí, decía algo así como “quién es la más beiya” cosa que me ofendió un poco, cómo iba a preguntar quién era la más bella entre mi hija y yo, era como la madrastra de Blancanieves preguntándole al espejito mágico pero resultó que estaba preguntando quién era el más viejo, o sea, quién era el mayor de los hijos. Situaciones así se fueron repitiendo porque no entiendo el portugués, ¿quién me podrá decir entonces qué parecido tiene el castellano con este idioma si todo ortográficamente está al revés? Por ejemplo, en el ascensor había un cartelito que decía: "Proibido animais" una infiere que es "Prohibido"pero le falta la "h". ¿Por qué la sacaron? ¡Con lo que cuesta que los alumnos aprendan las reglas ortográficas! Ellos cambian letras, v por b o le sacan la h a las palabras. Otro ejemplo: "Cuiden ben de suas criancas" con la cerilla. "Crianzas" sería los niños pequeños o " es "presunto". Presunto para nosotros es como decir "un tal fulano". En el supermercado pedíamos un jamón de marca Cerati, entonces yo señalaba el jamón y decía Cerati que para mí el único Cerati es el músico. El queso era más fácil, "queijo". Para llegar al supermercado era complicado: ocho cuadras en subida y ocho cuadras en bajada con las cajas de cartón al hombro como las mujeres que en otras épocas llevaban los cántaros de agua al hombro o en la cabeza. Ïbamos los mayores llevando las cajas y los menores llevando algo muy liviano como un paquete de masitas o una gaseosa, muy propio de los adolescentes. Había que pensar bien lo que íbamos a comprar porque si nos olvidábamos algo, nadie quería hacer las ocho cuadras en subida y las ocho cuadras en bajada. El desayuno venía pago con la estadía; teníamos que ir a otro hotel que quedaba a unas dos cuadras. Salvo el primer día que tomé café con sal (desconocía que en las mesas sirvieran sal en sobrecitos al lado del edulcorante) porque otras personas comían desayunos con huevo salteado o salchichas o "feijoada" (Un plato con frijoles negros, chorizos, panceta, carne de cerdo, tomate y pimiento) Me pregunto, ¿qué estómago puede soportar semejante plato en el desayuno sin que le dé una pataleta al hígado?? Por eso digo, el brasileño es un ser humano que vive en un eterno presente, al menos en sus vacaciones, emula el "carpe diem" preRenacentista. Nosotros, a pesar de de ver cómo comían los demás semejantes platos, permanecimos en nuestra costumbre argentina del café con leche con tostadas o medialunas salvo la hija que mezclaba huevos salteados con chocolatada y porciones de budín. Fue la única que no tuvo problemas con el agua ni con nada de lo que comio; nostros, en cambio, tuvimos descomposturas, probablemente por el agua en los primeros días. Vaya a saber de dónde sacó ese estómago a prueba de bomba.

  Las niñas mulatas en el desayuno como en la playa o en las calles eran unas muñecas, con sus rizos tomados con moños, muchos moños que combinaban con sus vestidos, rojos, o naranjas o amarillos. Todo en ellas combinaban. El rojo también aparecía en los árboles, creo que eran chivatos esparcidos en todas las cuadras donde caminábamos. Un día tomamos un colectivo que nos llevó a una playa a trece kilómetros, en Arraial do Cabo. La playa era muy bonita, el mar de agua turquesa, los morros detrás, la arena blanca. Lástima que llegamos al mediodía y estábamos sedientos, sin sombrilla, sólo con lo puesto y las lonas. Vimos un pozo donde tiraban las agua vivas; las agarraban del cuerito como si fueran cachorros. A lo lejos, dos inflables llevaban una hilera de turistas y más lejos, hoteles bajos como cabañas. Hay que ser amante del sol para estar tirado como un lagarto como es en mi caso que no tengo la costumbre. No pudimos estar bajo el sol más que un rato y luego volvimos de la misma manera. Yo creo que el que es amante de la playa, del sol, del mar, puede estar tanto tiempo sin sentir que está perdiendo el tiempo; a mí me cuesta pensar en la nada bajo el sol, quiero sentarme a leer o levantarme y caminar o hacer algo más productivo. Dirán que no sé disfrutar el ocio, qué se yo, es difícil parar después de un año de trabajo, convertirse por unos días en una foca que no piensa más que en dormir y comer para sobrevivir.  Pienso que cada uno tiene que buscar el destino que más le vaya con su forma de ser. En mi caso, no soy una persona para la playa, me aburro bastante, un rato sí, pero no si hace tanto calor, estar al rayo del sol tostándose como se tuesta la tostada con la que desayuno todos los días. Necesito moverme un poco, mover las piernas y la cabeza, que algo que desconocía me atraiga para ir a su encuentro e indagar cómo una abeja en la flor. Digamos que ese viaje fue así, leía por la mañana hasta que estaban listos para ir a desayunar, mates de por medio, la rutina de la playa, cocinar algo para comer y algún paseo cerca del hotel. Cuando llegó el día de volver, tomamos un taxi, viajamos dos horas hasta Río de Janeiro para quedarnos ese día y el siguiente. Río es carísimo, si Cabo Frío tiene como atractivo sus playas, Río irrumpe con todo el esplendor de una ciudad reconocida mundialmente. Fue la capital del Brasil en el período colonial y siguió siéndolo hasta 1960 cuando se declaró a Brasilia como capital de Brasil. Es la segunda ciudad con más población después de San Pablo. Tiene por un lado, una parte muy moderna con altos edificios vidriados al estilo de las grandes capitales puesto que empresas financieras han hecho a Río su sede, tiene el ritmo de Buenos Aires, con grandes avenidas; la diferencia es que los colectivos van a mil y no frenan, pareciera que no hay semáforos, es una carretera sin fin donde circulan multitud de autos. Otra parte es más pobre, las favelas en los morros que contrastan con los hoteles de lujo. Nosotros pasamos hambre en Río, era todo carísimo, por eso no fuimos al Cristo Redentor (éramos cuatro) ni al Maracaná. Nos contentamos con la playa frente al hotel, con las caminatas en la rambla y con la visita a la Catedral de San Sebastián. Los vendedores de todo tipo (remeras, excursiones, venta de comida, publicidades de comedores) se acercan como si fueran a asaltarte, te sorprenden con sus voces chillonas para que les compres algo, son muy insistentes. Encontramos un local de venta de comida al peso que se ajustaba a nuestro bolsillo y tenían comidas livianas como carne a la plancha y verduras. En el hotel nos recibieron ese día y medio con dos paquetitos de snacks de maní que devoramos pensando que era un regalo puesto que no había cartelito con precios al lado y resultó ser que hubo que pagar al final cuando dejamos el hotel. Nos enojamos tanto por su costo que nos quejamos por facebook en las reseñas. Tuvimos la mala suerte de que la ciudad, en ese lugar de la ciudad, tenía problemas con el agua potable. El agua que nos vendían para el mate tenía gusto a tierra, no se podía tomar, o sea, que si queríamos agua, la tomábamos así como si fuera sacada de la laguna Setúbal, teníamos que comprar agua mineral que salía lo que sale un agua mineral en un recital de Oasis (vayan calculando). La excursión que hicimos en subte (unsubte dos veces más grande que el de Buenos Aires, quizás exagero pero todoallí es gigantesco y yo me sentía Gulliver en el país de los gigantes) para visitar la Catedral de San Sebastián fue lo más ameno y pintoresco que conocimos, no lo digo como dato de color sino textualmente; la Catedral tiene mucho color. San Sebastián, el nombre que lleva es el santo patrono de Río de Janeiro; es una iglesia católica, construida entre 1964 y 1979 para reemplazar a un conjunto de viejas iglesias de la arquidiócesis que data del año 1676. 

  La construcción se la reconoce como modernista, esto significa que su arquitectura busca la simplicidad a través de líneas limpias, los espacios más abiertos, y el uso de figuras geométricas. También emplea materiales distintos como el acero, el vidrio y el hormigón. La Catedral tiene una forma cónica, mide setenta y cinco metros y noventa y seis metros de diámetro interno. Está inspirada en las pirámides de Centroamérica y en el techo cuelga una cruz griega. Tiene cuatro grandes vitrales que proyectan la cruz griega y simbolizan los cuatro atributos de la Iglesia: una, santa, católica y apostólica. Cuando entramos, lo hicimos acompañados de un grupo deturistas chinos o coreanos o japoneses, no sé bien qué eran y adentro también había muchos asiáticos. Supongo que habrán ido en una excursión turística porque ellos no son católicos. Nosotros nos quedamos un rato, primero rezando y luego observando distintas imágenes y esculturas como las estaciones del vía crucis o la inmensa cruz de madera. Lamento que en la carrera de Letras no hayamos tenido Literatura Brasileña. Por mi parte, soy casi ignorante de sus referentes literarios; leí a Jorge Amado, a Ana María Machado y sigo conociendoa Clarice Lispector quien me resulta exquisita en su prosa. Y después, nada. Formamos parte de un continente, nos llamamos latinoamericanos pero no nos hermanamos en la literatura. Probablemente, a ellos les pase lo mismo. Alguna vez leí los nombres Machado de Asís, Guimaräes Rosa, Monteiro Lovato o Drummondde Andrade pero de nombre. ¿Tendría que planificar alguna vez, desde mis lecturas autodidactas, un recorrido por la literatura brasileña? Podría hacerles un espacio, todavía estoy con Clarice Lispector. Ahora bien, quienes enseñen en la Universidad, deberían replantearse qué criterios de selección tienen presentes para un programa de estudios que incluya lo más representativo de la literatura latinoamericana si tenemos en cuenta que lo latino también incluye el portugués, no sólo el español.  Encontré esta cita de Jorge Amado que sintetiza muy bien lo que viví en esos días: "Somos mestizos, condición primordial; de allí viene nuestro poderío. Por mi sangre, por ejemplo, corre sangre holandesa, portuguesa, negra e indígena. De ahí la resistencia del mestizo. Por eso la capacidad del brasileño para soportar las desgracias".

                                                                                                J.G.





No hay comentarios:

Publicar un comentario