Selenitas
Ya quisiera pasar una
temporada en la luna
contra todos los
pronósticos de la Nasa,
desempacar mis libros,
mis rosarios, las fotos
de mis hijos por si los
extraño, cambiar el chip
de los acontecimientos
terrestres por los lunares,
conversar aburridamente
con los selenitas,
investigar los bulbos y
el agua que los alimenta,
tomar notas como una
pseudocientífica seria y concentrada,
captar las ondas de la
vía láctea con artefactos ingeniosos
perdidos en el espacio;
tomar a vuelo de pájaro, como quien
dice, las emociones y
los olvidos de los que están en el planeta
de enfrente, con sus
angustias y sus temores, sus esperas
sinuosamente
traspapeladas en sus celulares.
La ventaja de amoldarme
a la vida selenita tiene su fin último,
trascender mis
caminatas nocturnas como quien transita
hacia la dimensión de
la amnesia, acaso necesaria para aceptar
que la vida es una
buena parte los duelos que aplastamos
con necesidad y
urgencia.
Volveré de la
luna renovada.
J.G.
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