Eco
Mirabas las piedritas de la playa, alguna
conchilla
azul o blanca, cabezas de caracoles y
cangrejos.
La arena nos mojaba los pies, quitábamos los
restos
de cigarrillos como intrusos inoportunos.
Las rocas detuvieron la caminata, nos sentamos.
El mar fue una excusa para no hablar
lo que en verdad nos pasa.
Ella está ahí, a la espera, tal vez inquieta
la respiración porque estás cerca.
Las olas se avienen constantes como
el amor que te pide, como un súplica gastada.
El amor que te sobra y que no le das, como
algas
mezquinas entre los dedos, como maderos
quemados
después del fuego.
¿Quién tomará su eco que a falta de oxígeno,
y de esperanzas siempre llega tarde a la cita?
Las olas traerán más ruido y desgano cada vez
que te sientes aquí.
J.G.
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| Playa Mar Serena |

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