Quimera/s
Que la gente se cansa de una, como una
se cansa de la gente es, diríamos, parte
de la convivencia,
a veces pongo cara de dragón, echo fuego
por la boca,
chamusco macetas y malvones, me planto
en la terraza
como una heroína inmortal, a sabiendas
que no lo soy.
Igual es sanador derribar murallas
invisibles, ésas que la gente
se levanta cuando no encuentra el coraje
en la palabra,
cuando el ladrillo vale más que la
redención.
Si llueve, elijo la cabra, tozuda y
tenaz para las empresas
inútiles o para sostener el día a día
como cualquier mortal.
Cuánto de cabra hay que alimentar en una
para no sucumbir
entre las noticias del día y los
desarraigos, a veces funestos,
a que nos llevan las mareas y las
trombas del egoísmo,
los desaciertos disfrazados de olvidos y
las llamadas perdidas.
Y si todo marcha bien, si una se levanta
luego de una buena noche,
me acomodo en la cabeza del león, con
esa boca que parece
comerse hasta las letras del abecedario,
con esa avidez
del optimismo sin reparos, con la
serenidad de quien se sabe
poderoso, qué bueno, sí, limarme las
pezuñas sin apuro,
a la espera de una buena idea en la
cabeza, presta al vértigo
de las profundas sabanas, aquí calles y
pasajes sin número,
en un laberíntico juego de autos y tarjetas
magnéticas.
Casi diría que una quimera es tan
conveniente como las plazas
y las bicisendas; no la descartJo.
J.G.

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