lunes, 15 de junio de 2015

De "Bestiario.etc."


Los seres térmicos, o sea...

Que la temperatura nos cambia el humor,
entre otras cosas, como saludar o no al vecino,
pasear al perro o contestar llamadas, es prueba
del sentido común, no de la ciencia ni de la fantasía.

Pero yo quiero creer que ellos, los duendecitos térmicos
son como duendecitos escondidos entre los zócalos 
o en las hendiduras de humedad, apenas perceptibles, 
y moderan mi animosidad, como la tuya.

¿Y si yo tuviera menos calidez hoy y fuera un témpano de hielo
entre los cuarenta grados de calor de la ciudad, entre el ardor
de las paredes de cemento, las secas baldosas de la cuadra?

¿Qué haría yo sin los duendecitos que gradúan con el termómetro
las horas,  los recuerdos y las nostalgias de las que no tengo resto
ni en las viejas diapositivas ni en el inconsciente?

No me bastan tus palabras dulzonas ni las palmaditas en el hombro,
yo quiero seres térmicos en el bolsillo todo el tiempo,
o sea, una temperatura estable ante las estridencias 
 de las que no soy artífice y a veces 
una se convierte en manzana del arquero.

Duendecitos en el costado izquierdo quiero, chalecos guardavidas
del que bombea para que yo esté viva.
                                                                  J.G.

 

 

 

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