Jueves 12 de octubre:
Así como tengo días esperanzadores, hay otros
que no, como éste. A veces pienso que no tienen sentido enseñar literatura, dar
de leer de poesía, ver cine, como Hamlet de Shakespeare. Los adolescentes no lo
ven como importante, no lo valoran, y es de esta forma como el cuerpo después
me lo hace sentir. La frustración. Según el doctor, tendría que tener menos
empuje, ser más “burocrática”. Importarme menos. No tengo que salvar a nadie.
A la única a quien le importa todo esto es a mí. Hace unos años me pasó de incentivar
a un alumno diciéndole que tenía sensibilidad para escribir, pero no tenía
condiciones naturales. Para qué. Me mostró un cuento que me decepcionó. Creí
haberlo motivado en su adolescencia pero a los veintitantos escribía igual o
peor. Mejor que se haya dedicado a otra cosa. Tendría que ser más sincera y
menos condescendiente. En definitiva, son pocos los tocados con la varita
literaria. En el decir de García Lorca: “Hay que tener duende”.
Y en este desasosiego recordé un poema de
Fernando Pessoa, “El guardador de rebaños 24”. Me calma como una tisana. Pienso
que sería bueno leerlo más seguido.
El misterio de las cosas, ¿dónde
está?
¿Dónde está que no aparece
Por lo menos para mostrarnos
que es un misterio?
¿Qué sabe el río de eso y qué
sabe el árbol?
Y yo, que no sé más que ellos,
¿qué sé de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los hombres
piensan de ellas,
Me río como un regato que suena
fresco en una piedra.
Porque el único sentido oculto
de las cosas
Es que no tienen ningún sentido
oculto.
Es más extraño que todas las
extrañezas
Y que los sueños de todos los
poetas
Y los pensamientos de todos los
filósofos,
Que las cosas sean lo que
verdaderamente parecen ser
Y no haya nada que comprender.
Sí. He aquí lo que mis sentidos
han aprendido solos;
Las cosas tienen significación:
tienen existencia.
Las cosas son el único sentido
oculto de las cosas.
Alberto Caeiro. (heterónimo de Fernando
Pessoa) en El poeta es un fingidor.
J.G.

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