lunes, 16 de octubre de 2017

Diarios Personales

Jueves 12 de octubre:
  Así como tengo días esperanzadores, hay otros que no, como éste. A veces pienso que no tienen sentido enseñar literatura, dar de leer de poesía, ver cine, como Hamlet de Shakespeare. Los adolescentes no lo ven como importante, no lo valoran, y es de esta forma como el cuerpo después me lo hace sentir. La frustración. Según el doctor, tendría que tener menos empuje, ser más “burocrática”.  Importarme menos. No tengo que salvar a nadie. A la única a quien le importa todo esto es a mí. Hace unos años me pasó de incentivar a un alumno diciéndole que tenía sensibilidad para escribir, pero no tenía condiciones naturales. Para qué. Me mostró un cuento que me decepcionó. Creí haberlo motivado en su adolescencia pero a los veintitantos escribía igual o peor. Mejor que se haya dedicado a otra cosa. Tendría que ser más sincera y menos condescendiente. En definitiva, son pocos los tocados con la varita literaria. En el decir de García Lorca: “Hay que tener duende”.
   Y en este desasosiego recordé un poema de Fernando Pessoa, “El guardador de rebaños 24”. Me calma como una tisana. Pienso que sería bueno leerlo más seguido.

El misterio de las cosas, ¿dónde está?
¿Dónde está que no aparece
Por lo menos para mostrarnos que es un misterio?
¿Qué sabe el río de eso y qué sabe el árbol?
Y yo, que no sé más que ellos, ¿qué sé de eso?
Siempre que miro  las cosas y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,
Me río como un regato que suena fresco en una piedra.

Porque el único sentido oculto de las cosas
Es que no tienen ningún sentido oculto.
Es más extraño que todas las extrañezas
Y que los sueños de todos los poetas
Y los pensamientos de todos los filósofos,
Que las cosas sean lo que verdaderamente parecen ser
Y no haya nada que comprender.

Sí. He aquí lo que mis sentidos han aprendido solos;
Las cosas tienen significación: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

                     Alberto Caeiro. (heterónimo de Fernando Pessoa) en El poeta es un fingidor.
                                               J.G.


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