sábado, 7 de octubre de 2017

Diarios Personales

Viernes 6 de octubre:
  Dos cosas curiosas me han pasado hoy. La primera, una alumna de Primer Año me pregunta cuándo vamos a leer libros de poesía. No recuerdo que me hayan preguntado alguna vez en mis años como docente sobre esta inquietud. Le mostré un libro que tenía en el bolso, porque mi idea era empezar a leer poemas pero no estaba segura de la recepción. Los del manual no me gustaban demasiado así que le mostré Botánica Poética de Juan Lima mientras los demás copiaban en sus carpetas un soneto de Francisco Luis Bernárdez, el que comienza con “Si para recobrar lo recobrado…”. Les dije que lo buscaran desde sus celulares y fue como abrir una puerta al silencio. No sé si fue por la consigna de usar el celular o porque realmente les interesaba el poema. Me inclino por el celular. Aparecieron comentarios como “¿Nicolás escribió un poema!” o “¿Qué significa es menester? o “yo tengo un cuaderno con poesías”. Veremos cómo sigue el asunto. Me gustaría que escriban, si no textos poéticos, al menos textos expresivos.
   La otra cuestión fue que en horas de la siesta  tocaron el timbre. El cartero. Alguien me había mandado algo. Bajé pensando que sería una publicidad pero no. Era un manual de la editorial Mandioca. Hacía poco había completado un formulario por mail con mis datos, de ésos que una piensa que no sirven para nada. Esta vez llegó un manual muy bonito. Hojeándolo, me topo con la foto de la portada de un libro que tengo en casa y que dejé a poco de haberlo  comenzado a leer: Gringo viejo de Carlos Fuentes. Había leído hacía mucho Las buenas conciencias y más me había gustado Los años con Laura Díaz. Pero con éste no me terminaba de enganchar. Reconozco que lo elegí más por la tapa atractiva en color fucsia y grandes letras que por la historia en sí. También recuerdo que lo compré en Buenos Aires una noche de sábado luego de haber tomado una o dos copas de vino; no estaba tan lúcida pero quería un libro nuevo. Ahora leo que la historia es una variante del tópico del cadáver insepulto, que se remonta a Antígona de Sófocles. En el manual se menciona y analiza La hojarasca de Gabriel García Márquez, y también recupera Santa Evita de Tomás Eloy Martínez. No sabía que era un tópico universal o no lo recordaba. En la novela de Carlos Fuentes, el escritor norteamericano Ambroice Bierce decide terminar con su vida yendo a México en plena revolución de comienzos del siglo XX. Nada se sabe de él una vez que llega. Es el gringo, el gringo viejo dispuesto a morir.

  Hay situaciones como ésta, casualidades que me llevan a preguntarme si la vida no es un conjunto de coincidencias. Evidentemente tengo que leer ese libro, como tuve que retornar a la práctica de yoga. Antes de decidirme a hacerlo, me crucé con Sushitá dos veces en mi caminata casi diaria. Ella que vive la mayor parte del año en la India, caminando por el boulevard, toda de blanco ella, toda de negro yo. Por qué se da en este momento, no sé. ¿Alguien decide por mí? ¿Alguien me está soñando?
                                                                                J.G.




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