Viernes 6 de octubre:
Dos cosas curiosas me han pasado hoy. La primera, una alumna de Primer
Año me pregunta cuándo vamos a leer libros de poesía. No recuerdo que me hayan
preguntado alguna vez en mis años como docente sobre esta inquietud. Le mostré
un libro que tenía en el bolso, porque mi idea era empezar a leer poemas pero
no estaba segura de la recepción. Los del manual no me gustaban demasiado así
que le mostré Botánica Poética de
Juan Lima mientras los demás copiaban en sus carpetas un soneto de Francisco
Luis Bernárdez, el que comienza con “Si para recobrar lo recobrado…”. Les dije
que lo buscaran desde sus celulares y fue como abrir una puerta al silencio. No
sé si fue por la consigna de usar el celular o porque realmente les interesaba
el poema. Me inclino por el celular. Aparecieron comentarios como “¿Nicolás
escribió un poema!” o “¿Qué significa es
menester? o “yo tengo un cuaderno con poesías”. Veremos cómo sigue el
asunto. Me gustaría que escriban, si no textos poéticos, al menos textos expresivos.
La otra cuestión fue que en horas de la siesta tocaron el timbre. El cartero. Alguien me
había mandado algo. Bajé pensando que sería una publicidad pero no. Era un
manual de la editorial Mandioca. Hacía poco había completado un formulario por
mail con mis datos, de ésos que una piensa que no sirven para nada. Esta vez
llegó un manual muy bonito. Hojeándolo, me topo con la foto de la portada de un
libro que tengo en casa y que dejé a poco de haberlo comenzado a leer: Gringo viejo de Carlos Fuentes. Había leído hacía mucho Las buenas conciencias y más me había
gustado Los años con Laura Díaz. Pero
con éste no me terminaba de enganchar. Reconozco que lo elegí más por la tapa
atractiva en color fucsia y grandes letras que por la historia en sí. También
recuerdo que lo compré en Buenos Aires una noche de sábado luego de haber
tomado una o dos copas de vino; no estaba tan lúcida pero quería un libro
nuevo. Ahora leo que la historia es una variante del tópico del cadáver
insepulto, que se remonta a Antígona
de Sófocles. En el manual se menciona y analiza La hojarasca de Gabriel García Márquez, y también recupera Santa Evita de Tomás Eloy Martínez. No
sabía que era un tópico universal o no lo recordaba. En la novela de Carlos
Fuentes, el escritor norteamericano Ambroice Bierce decide terminar con su vida
yendo a México en plena revolución de comienzos del siglo XX. Nada se sabe de
él una vez que llega. Es el gringo, el gringo viejo dispuesto a morir.
Hay situaciones como ésta, casualidades que me llevan a preguntarme si
la vida no es un conjunto de coincidencias. Evidentemente tengo que leer ese
libro, como tuve que retornar a la práctica de yoga. Antes de decidirme a
hacerlo, me crucé con Sushitá dos veces en mi caminata casi diaria. Ella que
vive la mayor parte del año en la India, caminando por el boulevard, toda de
blanco ella, toda de negro yo. Por qué se da en este momento, no sé. ¿Alguien
decide por mí? ¿Alguien me está soñando?
J.G.

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