Lejos la línea
horizontal
es un punto y otro. Se
pierden
las ramas en el recodo
de la esquina. Los
párpados lentos
dejan pasar la luz como
dejan pasar
los nombres entre las
hojas,
los nombres que una vez
perdimos
en la voz. Aquí están
buscando
mi regazo, una mata de
hiedra.
amapolas, sándalos, musgos
un poco amargos.
Yo los dejo venir, parecen huérfanos.
Me reconozco en ellos,
son un poco niños estos
nombres
que parlotean en las
ramas
suben y bajan por el
tronco
del palo borracho o en
los tilos.
Son felices en el
porvenir.
La luz, la inocencia, la
mañana
los dejan libres en su
hacer.
La luz, la inocencia, la
mañana,
este respiro no
contaminado.
J.G.

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