sábado, 28 de mayo de 2016

La extranjera
  La extranjera vino para quedarse. Dejó su paraguas y la gorra de lana en mi cama. Le dije que no, que no puede vivir conmigo, que bastante tengo con los gorriones en el baño. Hizo caso omiso a mis súplicas. Abrió el armario y tiró las perchas. Desacomodó los cajones, arrugó papeles. Y yo detrás, levantando y rogándole que se vaya. Ella feliz en su desorden, dejando restos de vos como si fuera un triunfo. Por qué a mí, por qué la extranjera en mi casa, enloqueciéndome. Como si fuera hija de los dioses, imparte órdenes; me pide matecitos de menta, collares de muñeca antigua, plumas de paloma para escribir cartas. Mi resignación la entusiasma. Por ahora abro la ventana y respiro.
                                                                            J.G.


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