sábado, 28 de mayo de 2016

La extranjera
  La extranjera vino para quedarse. Dejó su paraguas y la gorra de lana en mi cama. Le dije que no, que no puede vivir conmigo, que bastante tengo con los gorriones en el baño. Hizo caso omiso a mis súplicas. Abrió el armario y tiró las perchas. Desacomodó los cajones, arrugó papeles. Y yo detrás, levantando y rogándole que se vaya. Ella feliz en su desorden, dejando restos de vos como si fuera un triunfo. Por qué a mí, por qué la extranjera en mi casa, enloqueciéndome. Como si fuera hija de los dioses, imparte órdenes; me pide matecitos de menta, collares de muñeca antigua, plumas de paloma para escribir cartas. Mi resignación la entusiasma. Por ahora abro la ventana y respiro.
                                                                            J.G.


domingo, 15 de mayo de 2016

De "Bestiario etc."

IV
Las valquirias no resucitan a los muertos.
Guían las almas hasta Odín, a las tierras
de guerreros inmortales.
Tu valquiria en el círculo de fuego
cruza la línea y observa irreverente
al animal caído. Intuye que la muerte
es una trampa de los dioses. ¿Pretenderán
encadenarla al primitivo ritual
de las noches de luna llena?
La sospecha es una mordaza,
y ella huye. Azuza el caballo,
acomoda la lanza en la espalda.
¿Dónde quedó el collar de las palabras?
Retrocede. No puede dejarlo
al descuido de la luna.
Y yo te digo, aunque no creas, que la valquiria,
a pesar de su cansancio y de su miedo,
se atreverá a tocar a ese lobo muerto.
Arriesgará su escudo labrado,
su lanza, su caballo,
mojará las botas en la sangre oscura
de la bestia a sabiendas
de que el conjuro podría someterla
a un pacto indeseado.
Y ese gesto, femenino y desigual,
la conducirá a nuevas tierras.

Ella lo sabe.
                           J.G.

A partir de "Hombre de la esquina rosada" de Jorge Luis Borges

Diario La Voz       
                                                                                            Martes 14 de abril de 1899.
Otra muerte en un boliche

RECRUDECE LA INSEGURIDAD EN LOS SUBURBIOS.

Ocurrió esta madrugada en los lados de la laguna Guadalupe y la Batería. Murió otro hombre acuchillado.

  En horas de la madrugada murió acuchillado Francisco Real apodado el Corralero, en un local bailable ubicado en el camino de Gauna y Maldonado. Se desconoce aún el posible autor del crimen. Según testimonios de quienes estuvieron esa noche en el jolgorio, la víctima habría provocado a un habitué de la zona. Describieron  a Real como un “tipo alto, fornido, de rostro aindiado, trajeado enteramente de negro y una chalina de un color como bayo, echada al hombro.” Unas horas antes de su muerte, Real habría entrado al lugar acompañdo de seis hombretones buscando pelea a un tal Rosendo Juárez.  Ante la negativa de éste, su amante, conocida como la “Lujanera”, lo instó al duelo sacándole violentamente el cuchillo del interior del saco y propinándoselo en la mano. Pero Juárez de acuerdo con los testigos, miró el cuchillo y lo arrojó al exterior.
    Ante la actitud impasible del hombre, la mujer se arrojó a los brazos de Real y salieron del boliche. Al rato, Juárez hizo lo mismo. “Al Pegador –por Rosendo Juárez-lo vi salir por el lado de Maldonado”-dijo uno de los muchachos presentes. “Me sorprendió que no reaccionara ante la provocación de la Lujanera. Acá es de los que pisan fuerte, se sabe que es un tipo acreditado para el cuchillo, muy respetado por todos. Trabaja para don Nicolás Paredes. Nosotros le copiábamos hasta el modo de escupir”.-continuó. La policía local continúa buscándolo ya que se encuentra desaparecido y se perfila como el principal sospechoso del asesinato.
  Real reapareció en el local bailable a la hora con una herida de cuchillo en la espalda y acompañado por la Lujanera que se encontraba en un estado de shock. Los esfuerzos de la gente por detener la hemorragia fueron inútiles dado que a su llegada se encontraba agonizando. Esta muerte se suma a otras diez ocurridas en similares circunstancias en los últimos meses por lo que las autoridades locales decidieron cerrar los boliches a medianoche para el descontento de los vecinos.
Un dective tras la pista de un joven.
  Prudencio Sánchez, detective de la Policia de la Provincia, sigue la pista de un joven desconocido cuya fisonomía coincide en parte con los dichos por la mujer que presenció el crimen. De acuerdo con lo expresado por la “Lujanera”, un hombre a quien ella conocía anteriormente, estuvo merodeándolos momentos antes de que fuera herido de muerte la víctima. Aunque no puede asegurarlo por la escasez de luz en la zona, ella asegura que el presunto asesino no se parecía a Real sino a un muchacho de sus pagos. Por lo pronto, el joven se encuentra detenido en la comisaría tercera a la espera de la declaración indagatoria correspondiente.
                                                                          J.G.



viernes, 6 de mayo de 2016

De "Bestiario etc."

III

Y yo te digo que el miedo es un espejismo,
que el collar de hilos de vocales
decae en su propio peso cuando amanece.
Es el manto de la noche y de las furias
las que muerden al pie de tu cama
mareándote en un remolino estéril.
El collar es tan hermoso.
Miralo bien,
huele a jazmines,
a hiedra joven.
Parece un saltimbanqui
susurrándote al oído.
Las palabras del collar dibujan
una línea serpenteante
en el cuello,
juguetean en la nuca,
más allá de la almohada.
Y es el collar el que me lleva
a la puerta del enigma
de tu angustia. Pero yo no tengo miedo
de enfrentar a la esfinge.
Serán los años en esta ciudad
abatida por las aguas,
erosionada por el olvido.
Me siento fuerte, invencible
en mi candor de luchadora
novata. Aún así, si ella,
la devoradora de sueños
se ensaña conmigo,
si se le antoja dejarme
amordazada, ausente
de palabras y de otros
símbolos, ¿estarás del otro
lado del abismo?
                    J.G.







Primer poema de "Two English Poems" de Jorge Luis Borges

I
El amanecer inútil me sorprende en una esquina desierta; sobreviví a la noche.
Las noches son olas orgullosas; olas pesadas y oscuras, abrumadas con todos los tintes del despojo, abrumadas de cosas deseadas e improbables.
Las noches tienen el hábito de misteriosos dones y rechazos, de cosas que se dan por la mitad y a medias se retienen, de delicias que albergan un negro hemisferio. Así obra la noche. Te lo advierto.
La marea, esa noche, me dejó jirones y retazos sueltos como de costumbre: algunas odiadas amistades con quienes conversar, música para los sueños, y la humareda de cenizas amargas. Cosas que no le sirven a mi corazón hambriento. La gran ola te trajo.
Palabras y palabras, tu risa; y vos tan perezosa e incesantemente bella. Hablamos y olvidaste las palabras.
El amanecer destructivo me encuentra en una calle desierta en mi ciudad.
Tu figura que se aleja, los sonidos que forman tu nombre, la cadencia de tu risa: esos son los ilustres juguetes que me dejaste.
Los revuelvo en el alba, los pierdo, los recupero; se los muestro a los escasos perros vagabundos y a las pocas estrellas perdidas del alba.
Tu rica y oscura vida…
                                                                 J.L.Borges

 I
The useless dawn finds me in a deserted streetcorner; I have outlived the night.
Nights are proud waves; darkblue topheavy waves laden with all the hues of deep spoil, laden with things unlikely and desirable.
Nights have a habit of mysterious gifts and refusals,of things half given away, half withheld,of joys with a dark hemisphere. Nights act that way, I tell you.
The surge, that night, left me the customary shreds and odd ends: some hated friends to chat with, music for dreams, and the smoking of bitter ashes. The things my hungry heart has no use for.
The big wave brought you.
Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly beautiful. We talked and you have forgotten the words.
The shattering dawn finds me in a deserted street of my city.
Your profile turned away, the sounds that go to make your name, the lilt of your laughter: these are the illustrious toys you have left me.
I turn them over in the dawn, I lose them, I find them; I tell them to the few stray dogs and to the few stray stars of the dawn.
Your dark rich life ... 
I must get at you, somehow; I put away those illustrious toys you have left me, I want your hidden look, your real smile - - that lonely, mocking smile your cool mirror knows.

                                                                      J.L.Borges

Jorge Luis Borges
Foto: Sara Facio