sábado, 19 de septiembre de 2015

De "Invocaciones"


Una mujer escribe en la cocina.

Una mujer escribe en la cocina y mira la ventana.

Una mujer escribe en la cocina y mira la ventana en la que asoman los árboles de la plaza.

Una mujer escribe en la cocina y mira la ventana en la que asoman los árboles de la plaza, a lo lejos y piensa.

Una mujer escribe en la cocina y mira la ventana en la que asoman los árboles de la plaza, a lo lejos, y piensa que los árboles y el silencio, suspendido entre las ramas, son el poema.

Una mujer escribe en la cocina y mira la ventana en la que asoman los árboles de la plaza, a lo lejos, y piensa que los árboles y el silencio, suspendido entre las ramas, son el poema en el que ella prefiere perderse.

Una mujer escribe en la cocina y mira la ventana en la que asoman los árboles de la plaza, a lo lejos, y piensa que los árboles y el silencio, suspendido entre las ramas, son el poema en el que ella decide perderse y reencontrarse.

Una mujer escribe en la cocina y mira la ventana en la que asoman los árboles de la plaza, a lo lejos, y piensa que los árboles y el silencio, suspendido entre las ramas, son el poema en el que ella decide perderse y reencontrarse para remendar los días y las horas.

Una mujer escribe en la cocina y mira la ventana en la que asoman los árboles de la plaza, a lo lejos, y piensa que los árboles y el silencio, suspendido entre las ramas, son el poema en el que ella decide perderse y reencontrarse para remendar los días y las horas de sal, del asfalto, esas cosas.
                                                                                        J.G.

 





 

 



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