Vivo en lo invisible,
y no es decir, vivo escondida en un páramo,
atrayendo ardillas huérfanas y flores de loto.
Vivo una esencia tenue, incólume, que franquea
murallas como mordazas,
innecesarias en el devenir de los días.
Vivir lo invisible no es vivir siendo invisible
en el vértigo o el abismo;
absorbo cada sentir silencioso, elixir de pureza
no siempre blanca, no siempre efímera,
que anuda y envuelve el presente con el pasado,
y con el sentir excitante de lo que vendrá.
a veces, en la coordenada entre el sentido y el sinsentido:
y es entonces cuando el respiro se agita y me detengo;
partes en mí se rebelan, no escapan a cuencas palabras
que rumian envilecidas;
quiero absorber toda esencia vital,
reencarnarme en mí misma, siempre.
J.G.

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