sábado, 18 de abril de 2015

Tributo a Ernesto Cardenal y a Silvina Ocampo

ORACIÓN POR SILVINA OCAMPO

Señor, Tú que ves desde lo alto a los hombres
en su miserable y sublime condición, mira a esta mujer

llamada Silvina Ocampo, sexta hija de una familia poderosamente
rica a quien dotaste del don de la inteligencia y de la profecía,  
oculta a su gusto en los caserones y departamentos que la abundancia le dio en el esplendor de su clase,


y que favoreció la suavidad de sus manos que no conocieron el agua fría al lavar los platos ni sufrieron las asperezas propias del barrido matinal;

atiende a la clarividente que soportó durante años el mote de “feíta” por cuanta señora bien del Jockey Club y que jamás leyeron sus cuentos y poemas

ni mantuvieron con ella una mínima conversación. Su amigo Borges, para algunos “el ciego a secas”, admiraba su genio.
Mira con bondad a esta mujer que padeció la espera, sentada en el sillón de su living impecablemente ordenando, la vuelta de su cónyuge.

Oh Dios, no hay nada peor que sentirse traicionado y ser consciente de la realidad en su devenir, y por esto mismo,

acoge a Silvina que enfermó de Alzheimer, que aceptó la pérdida de todo aquello que naturalmente le diste y le quitaste,

siéntala entre los elegidos del orbe celeste, un poco más cerca de Borges, de Homero y de Shakespeare, que de los escritores de vanguardia, (no vendría mal una banca femenina entre tantos ilustres de la literatura universal),

permite que su espíritu siga traduciendo a Emily, que sus bromas se escuchen como las noticias del día

y que sus retratos puedan exhibirse en las paredes de tu cuarto como los del Vaticano, pero más puros que aquéllos.

Y si Adolfito llama e insiste en hablar con ella, oh Dios, ¡atiende tú el teléfono!
 
                                                                                                                        J.G.



                                                                                    


















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