-¿Podrías desarrollar lo que escribiste en tu artículo publicado en septiembre de 1973 en Magazine Littéraire N|151/152: "No escribo para exhibir mi pretendida argentinidad...No hablo como argentino sino como escritor...Ser narrador exige una enorme capacidad de disponibilidad, de incertidumbre y de abandono...Todos los narradores viven en la misma patria: la espesa selva virgen de lo real".
-Todo lo que quiero decir es que un escritor no puede definirse por un elemento extraño a la praxis de la escritura. El escritor es un hombre que posee un discurso único, personal, y que no puede pretender, me parece, asumir ningún rol representativo. Un escritor no se representa más que a sí mismo. En tanto que artista sólo cuentan sus búsquedas individuales. Creo que esta actitud es esencial para conservar la experiencia poética en tanto posibilidad de una libertad radical.
Preservar la capacidad iluminadora de la experiencia poética, su especificidad como instrumento de conocimiento antropológico, éste es, me parece, el trabajo que todo escritor riguroso debe proponerse. Esta posición, que puede parecer estetizante o individualista es, por el contrario eminentemente política. En nuestra época de reducción ideológica, de planificación representativa, la experiencia estética, que es una de nuestras últimas libertades, es constantemente amenazada. La función principal del artista es entonces la de salvaguardar su especificidad. Los elementos extraartísticos, nacionalidad, extracción social, "espíritu de la época", influencias culturales, etc., son totalmente secundarios. Los verdaderos creadores representan a su época sólo contradiciéndola."
Juan José Saer, entrevista de Gerard de Cortanza (fragmento) en El concepto de ficción, Bs.As., Ariel, 1997.

No hay comentarios:
Publicar un comentario