lunes, 12 de enero de 2015


  Virginia frente al lago de los patos
(...) Camino por el parque, la grava está húmeda aún, como si la madrugada no quisiera despertar a la mañana; el sol la toca levemente; diría que su tibieza es casi intangible. El peso de mi cuerpo la hunde en la tierra pero ella no me teme, no me rechaza; dejo mi huella y pareciera que desea que alise sus tallos crecientes, por allá rebeldes, por acá dóciles cual un mechón de pelo en las manos de una adolescente. Salgo al parque y camino, mis pies me van llevando hacia el lago de los patos; un pájaro entre los árboles pareciera decirme: “Oye, esto es la vida.” ¡La vida! ¡La Vida! ¿Y qué es la vida?, pensé.  Acaso debería creer que la Vida es un símbolo y por eso merece la mayúscula. No sé. Todo me indica que debo sentarme frente al lago de los patos y observar, observar cómo nadan impávidos en un corcoveo fútil. Parecen estar suspendidos en el agua, no nadan, están en una posición diría trascendente en sus existencias, suspendidos entre el plano del aire y el agua y para ellos, eso es todo. ¿Es eso la vida, un dejarse transcurrir, como los patos? Tal vez sí, no puedo afirmarlo, tal vez en mí, es ansiar esa suspensión casi incorpórea. ¿Será esa la respuesta a qué es la Vida? Incompleta, tal vez, en el devenir, en el sinnúmero de acciones cotidianas…Los patos no tienen conciencia de sí y yo tengo demasiada conciencia de mí. ¿Acaso podría sentir la inocencia del agua en mi cabeza, en mis manos, en mis piernas como ellos en su lento andar? No. Desearía suspenderme y quedarme inmóvil…pero es sólo eso, un deseo, una fantasía de la sin razón. Y el mal…es una presencia apenas visible en sus vidas; en cambio, en la naturaleza humana,  el mal se apodera de estos tiempos confusos…Puedo afirmar que también se apoderó de mí; de mi conciencia y voluntad, ha absorbido mi talento, y me deja en ascuas, en un gesto suplicante, en el que sucumbo en un ritual del que no podré salir incólume en estos tiempos…
                                                         Monólogo ficcional de Virginia Woolf (fragmento) Jorgelina Garrote


 

 

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