domingo, 11 de enero de 2015

"La novela, que exige horas o días de lectura, cuenta el cambio que sufre una mínima parte del mundo: un hombre o una mujer. El cuento, que se lee en un rato, muestra cómo cambia el mundo entero. Por qué el cuento juega a ocuparse del corazón del mundo, y la novela del corazón de una persona, es un asunto difícil de explicar. Pero, en uno de sus brillantes artículos, Gilbert K.Chesterton nos da algunas pistas.
   El artículo se llama "El teatro del juguete". En sus páginas Chesterton nos cuenta cómo armó un pequeño teatro de papel, con un San Jorge y un dragón como protagonistas. Y nos dice que, aunque mal dibujado, ese mínimo artefacto le sirvió para contar una historia ambiciosa. "Una cosa puede comprobarse como exacta en el teatro de juguete: que al reducir la escala de los acontecimientos se pueden introducir acontecimientos mucho mayores. Por ser tan pequeño, podría representar fácilmente el terremoto de Jamaica. Porque es pequeño, podría representar fácilmente el día del Juicio Final. (...) No se pueden representar ideas muy grandes sino en espacios muy pequeños."
   El cuento es un teatro de papel: un escenario apenas insinuado, unos pocos personajes, una historia que los cobija y  ordena. Una vez que comienza su breve función, orienta su delicado mecanismo hacia la sorpresa. Si es un cuento fantástico, esa sorpresa buscará la inquietud o el miedo. Y en su reducido escenario el mundo habrá de cambiar bajo el gobierno de dos leyes que no cambian: las cosas no son lo que parecen y todo resulta al revés de lo planeado."
                                            Pablo De Santis, "Epílogo" (fragmento) en Trasnoche, Bs.As., Alfaguara, 2014.
 

 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                   

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