"Difícil enseñar literatura cuando la lectura requiere hasta ese punto la concentración y el silencio. La lectura, ¿acto de comunicación? ¡Otra buena broma de los comentadores! Lo que leemos lo callamos. El placer del libro leído casi siempre lo guardamos en el secreto de nuestros celos. Sea porque no vemos en ello materia para el discurso, sea porque, antes de poder decir una palabra sobre él, tenemos que dejar que el tiempo haga su delicioso trabajo de destilación. Ese silencio es el garante de nuestra intimidad. Ya leímos el libro pero todavía estamos en él. (...)
A veces es la humildad la que explica nuestro silencio. No la gloriosa humildad de los analistas profesionales, sino la conciencia íntima, solitaria, casi dolorosa, de que esta lectura, aquel autor, acaban, como se dice, de "cambiarme la vida."
Daniel Pennac. Como una novela, Bs.As., Norma, 1992.
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