lunes, 19 de enero de 2015

  "La literatura está cargada de fatalidad y de tristeza. ¿Por qué? La vida no es siempre fea. Lo que pasa es que, en el fondo, la literatura es un conjuro contra la infelicidad y la desdicha. La gente quiere ser feliz. Pero la felicidad no ha que escribirla, hay que vivirla. O por lo menos intentar vivirla. En la literatura se pone el deseo, la nostalgia, la ausencia, lo que se ha perdido o no se quiere perder. Por eso es tan difícil escribir una buena historia feliz. La historia de amor más hermosa que se ha escrito es Romeo y Julieta. Pero es una catástrofe. Ella tiene catorce años y él dieciocho, y terminan suicidándose. Qué linda historia de amor. Uno confunde la felicidad con las felicidades, con ciertos momentos transitorios de dicha o alegría. La felicidad absoluta no existe, y uno escribe, justamente, porque la felicidad no existe. Existen pequeños instantes de felicidad, o alegrías fugaces, que si se consigue perfeccionarlos en la memoria, pueden ayudar a vivir durante muchísimos años. La literatura también es un intento de eternizar esos momentos."
                                         Abelardo Castillo. Ser escritor, Perfil libros, 1997 en Cuentos para seguir creciendo. (compilador Mempo Giardinelli), 2006.




domingo, 18 de enero de 2015

"Difícil enseñar literatura cuando la lectura requiere hasta ese punto la concentración y el silencio.  La lectura, ¿acto de comunicación? ¡Otra buena broma de los comentadores! Lo que leemos lo callamos. El placer del libro leído casi siempre lo guardamos en el secreto de nuestros celos. Sea porque no vemos en ello materia para el discurso, sea porque, antes de poder decir una palabra sobre él, tenemos que dejar que el tiempo haga su delicioso trabajo de destilación. Ese  silencio es el garante de nuestra intimidad. Ya leímos el  libro pero todavía estamos en él. (...)
  A veces es la humildad la que explica nuestro silencio. No la gloriosa humildad de los analistas profesionales, sino la conciencia íntima, solitaria, casi dolorosa, de que esta lectura, aquel autor, acaban, como se dice, de "cambiarme la vida."
                                                             Daniel Pennac. Como una novela, Bs.As., Norma, 1992.






sábado, 17 de enero de 2015

"¿Quién ha podido definir a la poesía hasta hoy? Nadie. Hay dos mil definiciones que vienen desde los griegos que ya se preocupaban por el problema, y Aristóteles tiene nada más y nada menos que toda una Poética para eso, pero no hay una definición de la poesía que a mí me convenza y sobre todo que convenza a un poeta. En el fondo el único que tiene razón es ese humorista español-creo-que dijo que la poesía es eso que se queda afuera cuando hemos terminado de definir la poesía: se escapa y no está dentro de la definición."
                                                       Julio Cortázar. "Los caminos del escritor" en Clases de Literatura. Berkeley, 1980. Bs. As., Alfaguara, 2013.


Foto: Sara Facio



miércoles, 14 de enero de 2015

Pablo Neruda


..."vamos de nuevo/ volviendo a la vida,/como si del océano saliéramos,/como si del naufragio/volviéramos heridos/entre las piedras y las algas rojas."
                        Pablo Neruda "No sólo el fuego", Los versos del capitán, 1952  

   
    
                                             
Foto: J.G.

lunes, 12 de enero de 2015


  Virginia frente al lago de los patos
(...) Camino por el parque, la grava está húmeda aún, como si la madrugada no quisiera despertar a la mañana; el sol la toca levemente; diría que su tibieza es casi intangible. El peso de mi cuerpo la hunde en la tierra pero ella no me teme, no me rechaza; dejo mi huella y pareciera que desea que alise sus tallos crecientes, por allá rebeldes, por acá dóciles cual un mechón de pelo en las manos de una adolescente. Salgo al parque y camino, mis pies me van llevando hacia el lago de los patos; un pájaro entre los árboles pareciera decirme: “Oye, esto es la vida.” ¡La vida! ¡La Vida! ¿Y qué es la vida?, pensé.  Acaso debería creer que la Vida es un símbolo y por eso merece la mayúscula. No sé. Todo me indica que debo sentarme frente al lago de los patos y observar, observar cómo nadan impávidos en un corcoveo fútil. Parecen estar suspendidos en el agua, no nadan, están en una posición diría trascendente en sus existencias, suspendidos entre el plano del aire y el agua y para ellos, eso es todo. ¿Es eso la vida, un dejarse transcurrir, como los patos? Tal vez sí, no puedo afirmarlo, tal vez en mí, es ansiar esa suspensión casi incorpórea. ¿Será esa la respuesta a qué es la Vida? Incompleta, tal vez, en el devenir, en el sinnúmero de acciones cotidianas…Los patos no tienen conciencia de sí y yo tengo demasiada conciencia de mí. ¿Acaso podría sentir la inocencia del agua en mi cabeza, en mis manos, en mis piernas como ellos en su lento andar? No. Desearía suspenderme y quedarme inmóvil…pero es sólo eso, un deseo, una fantasía de la sin razón. Y el mal…es una presencia apenas visible en sus vidas; en cambio, en la naturaleza humana,  el mal se apodera de estos tiempos confusos…Puedo afirmar que también se apoderó de mí; de mi conciencia y voluntad, ha absorbido mi talento, y me deja en ascuas, en un gesto suplicante, en el que sucumbo en un ritual del que no podré salir incólume en estos tiempos…
                                                         Monólogo ficcional de Virginia Woolf (fragmento) Jorgelina Garrote


 

 
Oficio

Cuando al entrar al verso me disloco
o no cabe un adverbio y se me quiebra
toda la música, la forma mira
con su monstruoso rostro de abortado,
me duele el aire, sufro el sustantivo,
pienso qué bueno andar bajo los árboles
o ser picapedrero o ser gorrión
y preocuparse por el nido y la
gorriona y los pichones, sí, qué bueno,
quién me manda meterme, endecasílabo
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos,
el corazón con verbos, la camisa
a dos puntas y exprimirme,
quién me manda, te digo, siendo Juan
un Juan tan simple con sus pantalones,
sus amigotes, su trabajo y su
condenada costumbre de estar vivo,
quién me manda andar grávido de frases,
calzar sombrero imaginario, ir
a esperar una rima en esa esquina
como un novio puntual y desdichado,
quién me manda pelear con la gramática,
maldecirme de noche, rechinar
fieramente, negarme, renegar,
gemir, llorar, qué bueno está el gorrión
con su gorriona, sus pichones y
su nido, su capricho de ser gris,
o ser picapedrero, óigame amigo,
cambio sueños y música y versos
por una pica, pala y carretilla.
Con una condición:
déjeme un poco
de este maldito gozo de cantar.
                      Juan Gelman


Juan Gelman







Simón Carbajal

En los campos de Antelo, hacia el noventa
mi padre lo trató. Quizá cambiaron
unas parcas palabras olvidadas.
No recordaba de él sino una cosa:
el dorso de la oscura mano izquierda
cruzado de zarpazos. En la estancia
cada uno cumplía su destino:
éste era domador, tropero el otro,
aquél tiraba como nadie el lazo
y Simón Carvajal era el tigrero.
Si un tigre depredaba las majadas
o lo oían bramar en la tiniebla,
Carvajal lo rastreaba por el monte.
Iba con el cuchillo y con los perros.
Al fin daba con él en la espesura.
Azuzaba a los perros. La amarilla
fiera se abalanzaba sobre el hombre
que agitaba en el brazo izquierdo el poncho,
que era escudo y señuelo. El blanco vientre
quedaba expuesto. El animal sentía
que el acero le entraba hasta la muerte.
El duelo era fatal y era infinito.
Siempre estaba matando al mismo tigre
inmortal. No te asombre demasiado
su destino. Es el tuyo y es el mío,
salvo que nuestro tigre tiene formas
que cambian sin parar. Se llama el odio,
el amor, el azar, cada momento.
                        Jorge Luis Borges en La rosa profunda (1975)


Foto: Sara Facio


domingo, 11 de enero de 2015

"La novela, que exige horas o días de lectura, cuenta el cambio que sufre una mínima parte del mundo: un hombre o una mujer. El cuento, que se lee en un rato, muestra cómo cambia el mundo entero. Por qué el cuento juega a ocuparse del corazón del mundo, y la novela del corazón de una persona, es un asunto difícil de explicar. Pero, en uno de sus brillantes artículos, Gilbert K.Chesterton nos da algunas pistas.
   El artículo se llama "El teatro del juguete". En sus páginas Chesterton nos cuenta cómo armó un pequeño teatro de papel, con un San Jorge y un dragón como protagonistas. Y nos dice que, aunque mal dibujado, ese mínimo artefacto le sirvió para contar una historia ambiciosa. "Una cosa puede comprobarse como exacta en el teatro de juguete: que al reducir la escala de los acontecimientos se pueden introducir acontecimientos mucho mayores. Por ser tan pequeño, podría representar fácilmente el terremoto de Jamaica. Porque es pequeño, podría representar fácilmente el día del Juicio Final. (...) No se pueden representar ideas muy grandes sino en espacios muy pequeños."
   El cuento es un teatro de papel: un escenario apenas insinuado, unos pocos personajes, una historia que los cobija y  ordena. Una vez que comienza su breve función, orienta su delicado mecanismo hacia la sorpresa. Si es un cuento fantástico, esa sorpresa buscará la inquietud o el miedo. Y en su reducido escenario el mundo habrá de cambiar bajo el gobierno de dos leyes que no cambian: las cosas no son lo que parecen y todo resulta al revés de lo planeado."
                                            Pablo De Santis, "Epílogo" (fragmento) en Trasnoche, Bs.As., Alfaguara, 2014.
 

 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                   

martes, 6 de enero de 2015

"El mundo está muy interesado en que los jóvenes no lean poesía. En realidad, que no la lean. Punto. Su estructura está hecha para ser una sociedad bipolar, una sociedad que no le gustaría a Julio Cortázar, escindida entre productores y consumidores, donde todo lo que no sirve a ese proyecto se tira. Es una tontería este interés de la sociedad de fabricar ricos. A la tremenda globalización monótona, con mensajes reiterados y homogéneos, se ha producido una dispersión anárquica de intereses, Enseñar literatura y arte es una magnífica decoración que sólo las políticas culturales más en alerta han detectado. No es prioridad de nadie. En los países europeos es diferente. Aquí, en muchos lugares de América Latina, tener cultura literaria es una lucha a la que hay que darle batalla, una guerra que libran los maestros y los alumnos más sensibles."
                                Antonio Skármeta. "No está perdida la batalla de la lectura" en LNRevista, 4/1/15


Antonio Skármeta

viernes, 2 de enero de 2015

Variaciones de "17 Haiku" de J.L.Borges (J.G.)


 
 

1

Oscuramente

los almendros del huerto

siguen mi suerte.

 

2

La vasta noche,

la tarde y la montaña

son tu recuerdo.

 

3

Crecen las uñas

la música sabía

lo que yo siento.

 

4

Ésa es la mano

no ha movido las piezas

en el tablero.

 

 

5

Más que la luna

el espejo no copia

lo que yo sueño.

 

6

Lejos un trino

no es otra cosa

ya lo he perdido.

 

7

El hombre ha muerto

el ruiseñor no sabe

que te consuela.

 

8

¿Es o no es

la sombra que se alarga

tu cabellera?

 

9

Alguien lo sabe

¿es un imperio el duelo

o una fragancia?

 

10

Callan las cuerdas

que alguna vez tocaba;

otra es la espada.

 

11

Desde aquel día

sueña con sus batallas

desde otra puerta.

 

12

La luna nueva

hoy no me alegra

es una sola.

 

13

Algo me ha dicho

esa luz que se apaga

antes del alba.

 

14

Ella lo espera

la barba no lo sabe

anclan las velas.

 

15

Bajo el alero

acontece la aurora

 en el desierto.

16

Otro es mi sueño

sigue trazando versos

la vieja mano.

 

17

Marcan mi suerte

libros, láminas, llaves

para el olvido.
  J.G.



                               
 
"Si colocásemos en un lado el conjunto de grandes lecturas que le debemos a la escuela, a la crítica, a todas las formas de la publicidad, y del otro las que debemos al amigo, al amante, al compañero de clase, incluso a la familia-cuando no coloca los libros en la estantería de la educación-, el resultado sería claro: la mayor parte de lo más bello que hemos leído se lo debemos a un ser querido. Y es a un ser querido a quien primero hablaremos de nuestras mejores lecturas. Quizás precisamente porque lo propio del sentimiento, como del deseo de leer, consiste en preferir. Amar es, finalmente, hacer el don de nuestras preferencias a aquellos a quienes preferimos. Y estos repartos pueblan la invisible ciudadela de nuestra libertad. Estamos habitados por libros y amigos."
                                                                         Daniel Pennac, Como una novela, 1992.