Vigilias
La tarde amarilla
silenció una pausa.
Quejas se escuchaban
en la rama de un árbol,
el más próximo a mi casa.
Y como queriendo actuar
como un dios entre los pájaros
olvidé llamarte.
Rara vez me pasa.
Será que el otoño me lleva
a la nostalgia, a irme a un tiempo
detenido en pequeños goces
cotidianos.
La calle muestra a esta hora
su cara nueva:
sirenas enigmáticas
suenan como timbres,
metálicas y azules.
Sin licencia obligan
a que una se acostumbre
al lento cerrar de las ventanas.
Las hojas secas sangran
en la vereda;
como siempre, el otoño
actúa, inexorable.
No te llamé. No me perdones.
J.G
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