sábado, 2 de agosto de 2014


A Schehrzada


En la noche oblicua
aparece la mujer
invocando la cifra.
Quizá su espíritu sea
un concepto incomprensible,
un misterio.

 
Ignoro a qué otras geografías
me llevará hoy,
a qué tiempos.
Acaso sean como éste,
un eterno presente.


La pausa no muy lejana
marcará el comienzo
y el infinito.
Sé que soy  esclavo
de sus relatos,
de la invisible cuerda
de la trama.

 
Sentirte Oriente
Scherhzada,
en el oro de tu sombra,
es mi destino.

                                   J.G.

 

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