Flores amarillas,
Cuando salí del edificio
la vereda y la calle
tenían flores amarillas.
¿Cómo-me dije-el verano florece?
Allí estaban, desprendidas del árbol
queriendo interceptar
el ruido de los autos,
como si una porción del campo o de la sierra
pujara por quedarse en la ciudad,
como si no hiciera falta
que fluya algo de lo que quedó atrás
cuando sólo éramos tierra y luz y agua.
Y los penachos, allá en lo alto, los racimos
de flores en la punta de las ramas
reverberan como ofrendas al sol
y yo agradecida, que las florcitas
se resistan al paso de las estaciones.
Yo atiendo este desorden natural
como atiendo a tus llamados, expectante.
J.G.

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