El sapo
Te quería contar del sapo que vi en el camino.
No estaba vivo, no,
tampoco aplastado.
Cosa rara era, como un fósil.
Parecía una figurita de barro;
seco, inmóvil, con la boca abierta
como si hubiera querido decir “hola”,
“¿qué hay por aquí?”. O un bostezo.
Yo iba subiendo, atenta a las camionetas
que bajaban, codeándose, esquivando las piedras,
las leves hondonadas, los yuyos.
Y el sapo estaba ahí, mirando el cerro,
mirando la muerte,
condenado en el instante.
Sospecho que así quedaremos
en el momento de decir adiós.
J.G.



