domingo, 28 de febrero de 2021

El sapo

Te quería contar del sapo que vi en el camino.

No estaba vivo, no, 

tampoco aplastado.

Cosa rara era, como un fósil.

Parecía una figurita de barro;

seco, inmóvil, con la boca abierta

como si hubiera querido decir “hola”,

“¿qué hay por aquí?”. O un bostezo.


Yo iba subiendo, atenta a las camionetas

que bajaban, codeándose, esquivando las piedras,

las leves hondonadas, los yuyos.


Y el sapo estaba ahí, mirando el cerro, 

mirando la muerte,

condenado en el instante.

Sospecho que así quedaremos

en el momento de decir adiós.

J.G.





martes, 23 de febrero de 2021

                                  “la caida del tiempo/sobre la hierba”.

Alejandro Nicotra


Una línea que arde,

un tajo rojo o un límite inacabado

es el sol de febrero, temprano.

Pronto, los pájaros y los autos emprenden

el día. Yo intento hacerlo,

abrir los ojos y apurar el ritmo de mi cuerpo

que se resiste a la rutina, a esas pequeñas 

agujas que marcan el compás de las horas.


Y el tiempo, en la caída de algo indescifrable

olvida mis pausas, la mirada detenida

en las hojas del árbol que lentamente

se marchitan.


Siento el otoño esperando

como espero el abandono del amor;

tu anuncio, un vestigio que me diga

que estarás ahí.

J.G.







lunes, 15 de febrero de 2021

 Flores amarillas,

Cuando salí del edificio

la vereda y la calle

tenían flores amarillas.

¿Cómo-me dije-el verano florece?

Allí estaban, desprendidas del árbol

queriendo interceptar

el ruido de los autos, 

como si una porción del campo o de la sierra

pujara por quedarse en la ciudad,

como si no hiciera falta

que fluya algo de lo que quedó atrás

cuando sólo éramos tierra y luz y agua.


Y los penachos, allá en lo alto, los racimos

de flores en la punta de las ramas

reverberan como ofrendas al sol

y yo agradecida, que las florcitas

se resistan al paso de las estaciones.


Yo atiendo este desorden natural

como atiendo a tus llamados, expectante.

J.G.






jueves, 11 de febrero de 2021

 

El día tiene forma de río” (Octavio Paz, Manantial)


Pasan los rostros

como pasan los días.

 

Pasan los recuerdos,

como la casa en Candioti Sur,

que ya no existe.


Yo buscaba los tesoros

en esa casa.

Nadie era dueño en la tierra

de la infancia o

todos lo éramos.


Quedó un mural roto

algunas sillas,

y la puerta cancel.

Los días eran como un río,

y yo me dejaba llevar.

J.G.