Migas de pan
Cada mañana la calandria
reclama sus migas de pan.
Desde la cocina la veo venir
volando, con la premura del hambre
y el gesto de pedir sin arrogancia.
Actúo como si no la viera
como si no esperase que día
a día se acerque a la ventana
suavemente a encantar
las horas, y así como está,
paradita en el alféizar,
le dejo el pan que ella toma.
Quizás la calandria piense
que esas migas de pan
son la providencia,
que una mano divina
la alimenta sin razón y
entonces, con el pan en el pico,
se va lejos con su vuelo.
Yo me quedo con mi mano abierta
y pienso en la belleza
siempre fugaz.

Belleza contundente en cada verso, como el sol caído entre las hojas.
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