Sentir
Detrás del muro están
los miedos
ecos aprisionando el
corazón;
esas lágrimas no son
de agua
-dejan marcas pequeñas
en la piel.
Es triste y bello
sentir cómo se apagan
las luces y se
encienden las otras
que se oyen hacia
adentro de una.
Ya me lo decía el
padre en la confesión
hay que limpiar el
alma
como si el alma fuera
un pañuelo,
como si fuera fácil
eludir
pensamientos,
palabras, el ruido de la casa.
Pretendo únicamente
limpiarla
de los ecos,
reemplazarlos por
el aroma de los
mandarinos
cual corona que
santifica
y riega los días
venideros,
los jazmines del
otoño,
las madreselvas, las
begonias
del patio de mi
madre,
la intimidad de la
tarde
silenciosa de un domingo.
Un hilo de seda
sensible como
cuando se descansa.
Honda y lejana
la tarde, quiero irme
con ella, transitar
dulcemente los pasos,
la mirada
hacia la luz del sol
que se va.
y todo lo aquieta.
J.G.

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