Preguntas
Es sábado por la tarde. Voy caminando por el
Boulevard. El sol todavía es agradable. Tengo que ir a Santo Tomé y busco la
parada del colectivo. Hace mucho que no voy a visitar a una amiga, llevo unos
bizcochos, ella me espera con el mate. Doblo por 25 de Mayo hacia el sur. Me
planto en la esquina de Obispo Gelabert a esperar el colectivo. No estoy segura
de si esa esquina es parada. Tampoco veo gente para preguntar. Bajo la
vereda, achico los ojos para identificar a lo lejos el camión amarillo. Nada.
¿Será que dobla por Obispo y la parada es Santiago del Estero, la siguiente?
Pienso que mis tiempos no son los mismos del colectivero, los sábados van a
paso de tranvía. Vuelvo al cordón de la vereda. Aparece un chiquito que se me
acerca. Doy un paso atrás, no sé por qué tengo esa reacción instintiva con los
extraños. ¿Cuántos años tendrá? ¿Cinco, seis? Es bajito, le faltan los dientes
de adelante. Entonces tendrá siete, pienso. ¿Cuándo se caen las paletas? Va
descalzo, la ropa le queda chica. -¿Qué estás esperando señora?-me dice.-El
colectivo-le contesto-El amarillo-Asiente y se sienta más allá, sobre el cordón
de la vereda. No me pidió nada, como creí. No me vuelve a mirar. Alguien me
chista en la esquina de enfrente. Es un trapito que cuida los autos
estacionados frente al sanatorio.-En la otra-me dice-señalando Santiago.
Asiento con la cabeza y el puño con el dedo pulgar para arriba, en señal de agradecimiento. Mientras cruzo la calle y camino uno
cuadra más me ronda la carita del chico sentado en el cordón, los pies
descalzos, su pregunta simple, corta, pequeña. "¿Qué estás buscando señora?" Ahora no estoy pensando en la demora, en el colectivo que no viene, sino que me
fui más lejos, tratando de dilucidar si estoy buscando algo que todavía no veo,
algo que no sé muy bien qué es, no puedo adivinar el futuro, no sé qué pasará
mañana, hace rato que no planifico más que lo que se viene al día siguiente. Hay cosas que no puedo prever o que no puedo prever del todo; siempre hay
un algo que se nos escapa. Busco algo siempre, aunque no sé muy bien qué. Ya no
lo veo al chiquito, quedó escondido entre los autos; su pregunta sí, está
conmigo mientras subo al colectivo que al fin apareció.
J.G.
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| Foto: Arnoldo Gualino |



