Canas
blancas, canas verdes.
En la localidad de Tres Arroyos cuentan que
existió un hombre que en vez de canas blancas tenía canas verdes. No eran dos o
tres sino toda la cabeza. Era fácil de reconocerlo en la calle porque a cien
metros se veía el verde como una mancha suspendida en el aire. Era un verde
subido, verde chillón, verde loro. El dueño de las canas se llamaba Hilario
Palmiro y estaba orgulloso de su pelo. No usaba boina ni gorra ni nada que se
las tapase. Herrero de oficio y filatelista apasionado, salía todas las tardes
al club de bochas del municipio y allí se encontraba con sus amigos con quienes
jugaba dos o tres partidos y luego tomaba mates hasta el atardecer.
En el club lo llamaban Hilario Verde o el
Verde pero nunca Viejo Verde porque era un hombre querido por todos. A quien
quisiera él les pasaba la receta de sus canas pero por más que muchos lo
intentaron a ninguno le creció canas como las suyas. La receta era muy
sencilla; había que tomar jugo de acelga y espinaca antes del desayuno y
después del almuerzo, y tres veces por semana comer una ensalada de brócoli,
chaucha señorita y pepino cortado en rodajas con unas gotitas de limón y aceite
de oliva. Por la noche un té verde y el resultado, a la vista. Quienes lo
intentaron durante una semana anduvieron medio verdosos de semblante pero
ninguna cana verde en el pelo, al menos que algún nietito inquieto les hubiese
pintado con témpera verde los pocos pelos que algunos tenían. La ventaja de don
Hilario es que era uno de los pocos abuelos con pelos en la cabeza. La receta
se encuentra disponible en el museo municipal.
J.G.

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