La
casona de Pacheco.
Cuentan que en Pacheco, hacia el 1900, vivía
una anciana conocida por su casona y sus extravagancias. Solía pasearse por su
jardín hasta altas horas de la noche en pantuflas recitando a Góngora. Tal era
su gusto por el recitado que su loro y sus cinco gatos se hartaron de sus
interminables tertulias poéticas y uno a uno se fueron de la casa. Dicen que
las paredes del salón y de la cocina, de tanto escucharla a doña Herminia,
memorizaron sus peroratas. Cien años después puede escucharse a las paredes el
recitado de Góngora, Garcilaso, Lope de Vega y García Lorca si se paga un bono
contribución. Las paredes ofrecen, además, la escucha de quien quiera grabar su
voz cantando como el Polaco Goyeneche o Joaquín Sabina. Pero hay que pagar un
extra en la entrada. Las paredes ofrecen un conjunto de ofertas para quien
quiera escuchar a doña Herminia, grabar su propia voz y grabar algún secreto;
para esto último, habrá que acercarse delicadamente a la pared y renovar un
bono contribución cada cinco años. De lo contrario, el secreto se convertirá en
chisme. Pacheco y la casona de Herminia son el atractivo de los turistas del
interior de la provincia.
J.G.

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