Hace unos años escribí
un guión para un acto en conmemoración del fallecimiento del General Don José
de San Martín. En aquel momento vivía el duelo por la muerte de mi padre; en
unos días se cumpliría un año de su partida. Me sentía muy triste. Tenía la
idea de que mi papá se iba a poner viejito como mis abuelos que vivieron
pasados los ochenta y mis bisabuelos los noventa años. Creí que iba a ser
igual. Pero la muerte apareció así, imprevista en nuestra familia; nadie la
llamó. Nos dio un tiempo, la Poderosa, para que nos hagamos
la idea de que se lo iba a llevar. Desde entonces, los agostos se tiñeron en mi
vida de un azul nostálgico, en los que no puedo, aunque quiera, mirar para
adelante, como si una cuerda invisible me enroscara y me llevara hacia atrás. En
el tironeo desigual, se hamacan un viavén de sentimientos encontrados: imágenes
fugaces se me vienen a la cabeza, imágenes que creí que no iban a aparecer
vuelven a constreñirme, a arrugarme como un papel viejo.
Por
otro lado, en el mes de agosto, recordamos la muerte de San Martín. Siempre
admiré desde niña, su valentía y honestidad. Fue tan cabal. Quizás yo tenga una
imagen de San Martín como tantos otros conciudadanos insuflada por los
discursos escolares, las prácticas pedagógicas, mi propio contexto histórico.
Dirán que fue un hombre con sus luces y sus sombras. Es verdad. Como todos. Creo
que pocos hombres de la Historia Argentina han tenido tan claro un proyecto
político y lo han llevado a la práctica, a costa de arriesgar la propia vida.
Ya no hay hombres así. Cuando viajo a Buenos Aires y visito su tumba custodiada, me
emociono. Me digo: “Ahí están sus restos, cuánto hizo, cuánto nos dejó; qué
injusto su exilio, su soledad, su falta de reconocimiento en aquella época.”
Con mi pena a cuestas tenía que organizar el
acto en la escuela. Me habían pedido que escribiera un guión. Me puse a leer, a
investigar, con los tiempos acotados, como siempre, tratando de procesar
momentos importantes, puntos clave en su biografía. Había en mí una inquietud,
producto de mi estado de ánimo,a causa de lo que había vivido en el último
tiempo con la enfermedad de mi papá. Preguntas que no me había animado a
hacerle a él y que también eran preguntas que me surgían el evocar a nuestro
prócer. ¿Cómo se vive la soledad? ¿Cómo se siente uno en la enfermedad? ¿Cómo
se repasan los años vividos? ¿Con orgullo? ¿Con culpa? ¿Con hastío? ¿Cómo se
espera a la muerte? ¿Se la espera, vencido? ¿Se pelea en el día a día? ¿Cómo
habrán sido los últimos años de San Martín? ¿Cómo vivió sus últimos meses mi
papá?
Tenía estas preguntas en la cabeza y la
premura de que el escrito tenía que estar lo antes posible para que los chicos pudieran
comenzar el ensayo. Me dije que iba a hacer algo, tal vez atrevido para
cualquier historiador o profesor de Historia que presenciara la representación.
¡Quién era yo para ponerme en el lugar del Libertador de América!. Entonces me
dije que para escribir tenía que ubicarme en el lugar de hija que presencia la
agonía de su padre. Tal vez Merceditas
haya sentido lo mismo que yo, a pesar de las distancias. Tal vez mi papá pudo haber sentido lo mismo que San Martín en su enfermedad. Aquí van algunos fragmentos de ese
guión:
(Entra Josefa, la nieta menor, también llamada Pepita)
Josefa:-Abuelo,
dice mi madre que tiene que contestar unas esquelas, que ya va a venir a verlo.
Y me manda para que le haga un poco de compañía.
San Martín:-Gracias mi pequeña, tu voz resuena en mis
manos y en mi frente como campanas en la mañana. Dame un abrazo.
(la niña se acerca y lo abraza)
Josefa:-Abuelo, se acuerda que hace poco mi madre se
enojó cuando me puse a jugar con esa medalla suya importante, decía Bailén,
¿por qué la ganó?
San Martín:-Fue en una contienda cuando joven peleé en
España. En aquellos tiempos mostrar coraje y valentía era muy común.
Mujer:-Muy común no, Don José. Salir al combate y
poner el cuerpo es encontrarse con el miedo, con la misma muerte, con el mismo
horror de siempre…
San Martín:-El mismo horror…ya me había olvidado del
rostro de la muerte. La he visto seguido, sí. Pero el tiempo ha pasado. La
muerte es otra desde que soy viejo. Ahora la espero como quien espera a un
visitante que se ha demorado en el camino.
Josefa:-Abuelo, présteme sus monedas para jugar un
rato. Mi padre va a cuidar que no se las pierda.
San Martín:-Pequeña, vaya y juegue y dígale a su padre
Mariano que cuando pueda pase a verme.
Josefa:-Adiós abuelo, hasta la hora de la cena. (le da
un beso y se va)
Mujer:-¿Qué me decías de la muerte?
San Martín:-Que ya no le temo. Tengo todo en orden;
los papeles, mis documentos, la herencia a Mercedes. Más le he temido a los
hombres necios. Necios y poderosos. Éstos sí que han llevado a la ruina tantos
proyectos.
Mujer:-¿A qué te refieres?
San Martín:-¡A tantos! ¿Qué será de nuestros países
americanos en el futuro?
(la Mujer calla un momento)
Mujer:-¿Puede un sueño de libertad cambiar el rumbo de
todo un continente?
San Martín:-Ése ha sido mi propósito. Diez años
combatiendo por una América libre tuvo su cosecha. Argentina, Chile y Perú son
independientes.
Mujer:-No has aceptado títulos, renunciaste a cargos
merecidos. Buenos Aires y el interior traman alianzas inexplicables, caudillos
en pugna, la pampa ilimitada, muertes injustas. ¿No habrá otro San Martín?
San Martín:-Mujer, siempre dije: “Serás lo que debas
ser o no serás nada”. Cumplí con mi deber, hice de mi vida un sueño de
libertad. Para qué duplicar las experiencias, cada cual es su propio yo.
Mujer:-Cumpliste con tu deber, pero estás solo.
San Martín:-Sí, a costa de mi soledad. Pero ya no la
sufro.
(entra Mercedes)
Mercedes:-Padre, me llamó hace un rato. ¿Vino la niña?
San Martín:-Sí, y me ha cubierto de besos. ¿Has tenido noticias del Doctor Jordan? Estoy
dolorido.
Mercedes:-Padre, tiene que seguir con el reposo, el
invierno es duro, para todos.
San Martín:-¡Y cómo será! Aquí el frío se siento hondo
y profundo, como el viento de los Andes.
Mujer:-¿Todavía lo recuerdas?
San Martín:-¡Claro! Cómo no olvidar el viento que hace
caer a los hombres y a las mulas, los caballos…El hambre, la enfermedad, la
adversidad, todo se llevó ese viento. Los Andes fueron otra batalla, la más
dura…
Mujer:-Llegaste a Chile y luego hubo que dar pelea
contra el enemigo…
San Martín:-Hubo que dar pelea…para que la libertad
sea una en todo el continente.
Mercedes:-Padre, le escribí al Dr.Jordan para que se
acerque al atardecer. Mariano está en la casa también por si necesita un
recado.
San Martín:-Dile que venga, quisiera que se contacte
con Frías.
Mercedes:-Le consulto a Jeanne por la cena y vuelvo,
con su permiso. (se va)
San Martín:-Vaya hija
Mujer:-Es tu tesoro, ¿verdad?. Más que las victorias.
San Martín:-Sí. Mercedes es a quien he amado
incondicionalmente y de quien me sentí amado de la misma manera. ¿Así es el
amor entre padres e hijos, no?. Cuando el panorama americano, y en especial en
nuestras tierras se vio complicado, me la traje a Europa. Mercedes no se
merecía crecer en un territorio sin orden. Ella fue mi futuro, y hoy es mi
presente.
Mujer:-¿Y su madre?
San Martín:-¿Remedios? Otra niña…Me ha apoyado, su familia también. Sin
ella no existirían nuestros granaderos. Me ha esperado pacientemente, pero la
Revolución estaba en marcha, yo formé parte de un sueño…y no estuve presente.
Mujer:-Nuevamente la distancia, y la soledad.
San Martín:-La soledad y el sacrificio. El amor no
mide la espera. Y la espera la cansó. Se me ha muerto tan niña.
Mujer:-¿Le quedó algo pendiente Don José? No fue a
verla cuando enferma ella se lo pidió.
San Martín:-Y cargo con esa decisión. Le diría…(aparece
Remedios como una aparición, no fantasmagórica, sino como la recuerda San
Martín al conocerla. Remedios camina hacia el general, y éste delicadamente
toma una de sus manos y le habla mirándole a los ojos. Convendría que estén de
perfil al público, ambos de pie) que el sueño por una América libre tuvo sus
frutos, que no la dejé por la gloria ni por afán de poder. Y que mi mejor
proyecto fue haber criado a Mercedes y no haberla dejado nunca. La gloria de un
padre es la memoria de su descendencia. Le diría que nuestra hija ha sido madre
y ella, Remedios es recordada en el rostro de nuestras nietas. (Remedios suelta
lentamente la mano al general y se va etérea. San Martín se sienta.)
Mujer:-Estás cansado.
San Martín:-Sí, va a ser mejor que venga Mariano.
Mujer:-Don José, ¿alguna vez pensó en la patria? ¿cuál
es su patria?
San Martín:-¿La
Patria…? ¿Qué es la Patria? Mi tierra está en mi sangre, la llevo a donde voy.
Nadie es la Patria, o bien todos somos la Patria. Mi honra está en aquellos
hombres, mis soldados, que creyeron en mi sueño…los anónimos, los que murieron,
los que sobrevivieron. Ellos son la Patria.
(entra Mercedes)
Mercedes:-Padre, venga conmigo, la cena estará pronto.
Mariano lo espera en la otra habitación. (lo ayuda a levantarse y a caminar)
San Martín:-Vamos.
(la Mujer queda mirándolos a distancia. Telón)
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| Gral.José de San Martín |

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