viernes, 27 de marzo de 2015

"Digamos además la palabra mágica para que así sea: Abracadabra, como recomienda Eduardo Galeano. Palabra que en realidad no es tan mágica si tenemos en cuenta que "Abracadabra" significa en hebreo antiguo "Envía tu propio fuego hasta el final".
                                                                                                    Laura Devetach.



sábado, 21 de marzo de 2015


Oda al otoño

¡Ay cuánto tiempo
tierra
sin otoño,
cómo
pudo vivirse!
Ah qué opresiva
náyade
la primavera
con sus escandalosos
pezones
mostrándolos en todos
los árboles del mundo,
y luego
el verano,
trigo,
trigo,
intermitentes
grillos,
cigarras,
sudor desenfrenado.
Entonces
el aire
trae por la mañana
un vapor de planeta.
Desde otra estrella
caen gotas de plata.
Se respira
el cambio
de fronteras,
de la humedad al viento,
del viento a las raíces.
Algo sordo, profundo,
trabaja bajo la tierra
almacenando sueños.
La energía se ovilla,
la cinta
de las fecundaciones
enrolla
sus anillos.
Modesto es el otoño
como los leñadores.
Cuesta mucho
sacar todas las hojas
de todos los árboles
de todos los países.
La primavera
las cosió volando
y ahora
hay que dejarlas
caer como si fueran
pájaros amarillos.
No es fácil.
Hace falta tiempo.
Hay que correr por todos
los caminos,
hablar idiomas,
sueco,
portugués,
hablar en lengua roja,
en lengua verde.
Hay que saber
callar en todos
los idiomas
y en todas partes,
siempre
dejar caer,
caer,
dejar caer,
caer,
las hojas.
Difícil
es
ser otoño,
fácil ser primavera.
Encender todo
lo que nació
para ser encendido.
Pero apagar el mundo
deslizándolo
como si fuera un aro
de cosas amarillas,
hasta fundir olores,
luz, raíces,
subir vino a las uvas,
acunar con paciencia
la irregular moneda
del árbol en la altura
derramándola luego
en desinteresadas
calles desiertas,
es profesión de manos
varoniles.
Por eso,
otoño,
camarada alfarero,
constructor de planetas,
electricista,
preservador de trigo,
te doy mi mano de hombre
a hombre
y te pido me invites
a salir a caballo,
a trabajar contigo.
Siempre quise
ser aprendiz de otoño,
ser pariente pequeño
del laborioso
mecánico de altura,
galopar por la tierra
repartiendo
oro,
inútil oro.
Pero, mañana,
otoño,
te ayudaré a que cobren
hojas de oro
los pobres del camino.
Otoño, buen jinete,
galopemos,
antes que nos ataje
el negro invierno.
Es duro
nuestro largo trabajo.
Vamos
a preparar la tierra
y a enseñarla
a ser madre,
a guardar las semillas
que en su vientre
van a dormir cuidadas
por dos jinetes rojos
que corren por el mundo:
el aprendiz de otoño
y el otoño.
Así de las raíces
oscuras y escondidas
podrán salir bailando
la fragancia
y el velo verde de la primavera.
                         Pablo Neruda, Odas elementales, 1954.

sábado, 14 de marzo de 2015


Me anclan los genios imberbes en el sueño,
ciegos a mi deseo de amar locamente

hasta que llegue el día. Lucho con ellos una batalla
desigual y aunque duelan los tobillos, muerdo turbantes

y costillas, orejas y narices. No cedo, no me rindo.
Quiero amar en la noche, arrodillarme ante la deidad sensual

y anestésica del que se pierde más allá de sus propios límites,
quiero en la noche amar profundamente, hundir los besos y las manos

como quien descose un ruedo por capricho o
como quien cruje hojas muertas por hastío.

Pero no puedo. Me detienen. Trágicos en su sangre, saltan los genios
imberbes con sus lámparas sucias y sus toscos entredichos.

Ocultamente me esperas, riéndote de mis enojos a sabiendas
que el cansancio me hará vulnerable y dócil;

calladamente correrás el velo,
acomodarás lámparas y genios, cada uno en su lugar y tiempo

y  me reconstruirás con  los pedacitos de mí que han quedado dispersos,
para armarme amándome con tu sabio arte.
                                                                J.G.



 

 

sábado, 7 de marzo de 2015


Camina dulce memoria

hacia los tenues crepúsculos

hacia los campos serenos y lluviosos,

hacia los caminos para adentro en la hierba.

Salta memoria  las cornisas, las distraídas cornisas,

recuerdos inválidos, tal vez, en alguna parte líquida

de la esencia.

¿Es la belleza un juego severo del destino?

¿Zumban adioses y cortes abruptos, inquietos y prófugos

en el tiempo?

No importa. Salta memoria un salto distraído. Inicia el juego,

atrévete.

Y el desorden o el caos reconstruirán desde el vacío

nuevas palabras, nuevos destinos.

Bailarás el juego secreto de lo vedado a los ojos humanos,

me iniciarás en la danza de los elegidos y seremos, memoria,

seremos cada una en el juego, un dios que cierra y abre

paraísos terrenales.

                                                 J.G.

domingo, 1 de marzo de 2015

-¿Podrías desarrollar lo que escribiste en tu artículo publicado en septiembre de 1973 en Magazine Littéraire N|151/152: "No escribo para exhibir mi pretendida argentinidad...No hablo como argentino sino como escritor...Ser narrador exige una enorme capacidad de disponibilidad, de incertidumbre y de abandono...Todos los narradores viven en la misma patria: la espesa selva virgen de lo real".
-Todo lo que quiero decir es que un escritor no puede definirse por un elemento extraño a la praxis de la escritura. El escritor es un hombre que posee un discurso único, personal, y que no puede pretender, me parece, asumir ningún rol representativo. Un escritor no se representa más que a sí mismo. En tanto que artista sólo cuentan sus búsquedas individuales. Creo que esta actitud es esencial para conservar la experiencia poética en tanto posibilidad de una libertad radical.
   Preservar la capacidad iluminadora de la experiencia poética, su especificidad como instrumento de conocimiento antropológico, éste es, me parece, el trabajo que todo escritor riguroso debe proponerse. Esta posición, que puede parecer estetizante o individualista es, por el contrario eminentemente política. En nuestra época de reducción ideológica, de planificación representativa, la experiencia estética, que es una de nuestras últimas libertades, es constantemente amenazada. La función principal del artista es entonces la de salvaguardar su especificidad. Los elementos extraartísticos, nacionalidad, extracción social, "espíritu de la época", influencias culturales, etc., son totalmente secundarios. Los verdaderos creadores representan a su época sólo contradiciéndola."
                                                         Juan José Saer, entrevista de Gerard de Cortanza (fragmento) en El concepto de ficción, Bs.As., Ariel, 1997.