Es una alegría la mañana.
Un luz nueva, sin congojas.
Todo el mundo sabe esta simple verdad.
¿Y yo por qué lo digo?
¿Por qué digo la palabra “árbol”, la palabra
“rama”, “hoja verde”, “aliento fresco”?
Será el silencio, el silencio me conmueve,
el silencio del pajarito que en la rama no se mueve,
y yo estoy debajo, insinuándole que no quiebre
lo perfecto.
Las palabras no atrapan el presente
que todo lo inaugura, que todo lo funda:
el instante, la alegría, la mañana sin congojas.
Las palabras son una llave.
J.G.