Olvidé mencionar que después de Cacho, el nombre del
guanaco que formaba parte de los animales pintorescos para el turista y que el
dueño dejaba fotografiar por cincuenta pesos, nos sorprendió una lluvia torrencial,
de esas que hay que parar y esperar a que amaine. Llovía y el viento movía con
desesperación las ramas de los árboles. M. filmaba videos cortos que me ayudan
a recordar. Hubo un momento en que reímos para después callamos para escuchar
el agua. Por momentos deseamos que no caigan piedras, que no caigan rayos, que
no nos estanquemos. En lugar desconocido no se sabe qué va a pasar con el
clima. Veníamos de mucho calor y paulatinamente, el tiempo cambió a un cielo
gris, a un viento desconocido, a temperaturas distantes de las nuestras. Es
extraño querer sentir el fresco durante tantos días y cuando llega, así,
intempestivamente con esta lluvia torrencial, con el viento enfurecido,
quisiéramos que nuestro deseo no haya sido escuchado con devoción. Porque así
estamos, como atrapados en un auto, sin poder salir, el agua llevándose la
tierra de la calle; ya no estamos en una ruta sino en un pueblo del que no
sabemos el nombre. ¿Será verdad que lo que una pide el Universo escucha y da?
Así lo leí en varios sitios espirituales, de tipo hinduistas. En la religión
católica, orar contempla la petición, sea a un santo, la Virgen o Dios. ¿Hay
que esperar a que las cosas se den’ ¿Hay que moverse para que las cosas cambien
de rumbo? Son actitudes de vida pero a veces, una quisiera un golpe de suerte
también, que nos acompañe más allá del esfuerzo que hagamos. Pienso que se nos
fue la mano con esto de pedir un poco de fresco porque la lluvia no para y nos
estamos retrasando. Mis pensamientos ahora, no en ese momento, vuelven a la
Filosofía presocrática, a los cuatro elementos. El agua. Busco para refrescar
algún conocimiento olvidado después de tantos años. Heráclito fue quien decía
que no nos mojamos dos veces en el mismo río y el la Facultad lo vimos, leímos
textos; todos conocen esa frase. Borges la tomó para uno de sus poemas más
hermosos. Tales de Mileto, nacido en el siglo VII a.C. en la ciudad griega que
lo apellida, por decirlo así, afirmaba que el agua era el elemento originario.
Buscó explicar cómo funcionaba el mundo por afuera de las explicaciones
mitológicas. Sostenía que la Tierra flotaba sobre el agua como un leño.
Aristóteles le daba la razón. El agua es lo que da la vida. Somos 70% de agua,
nos formamos en el vientre de nuestras madres en un líquido amniótico. Sin agua
nos morimos. Pareciera que de todos los elementos, por más que me guste el
aire, como dije antes, Tales tuviera razón. Igual, quiero que pare de llover,
que no nos estanquemos, que la batería no se funda, que no nos caiga un rayo
encima. El agua parece un remolino furioso. Hay canciones románticas con la
lluvia, poemas nostálgicos con la lluvia, frases al pasar de qué lindo dormir
con lluvia o con lluvia me gusta ver una película, hacer una torta, comer
churros y cosas así. Lo único que quiero es que pare de llover, por favor, que
alguien allá arriba nos escuche.
J.G. de En las nubes (fragmento)
![]() |
| Foto: M.E.Z. |

No hay comentarios:
Publicar un comentario