jueves, 31 de diciembre de 2020

"Y andará entre los árboles el color de tus ojos, y yo, trémula, abrazaré las cortezas cuando el sol se vaya."  J.G.
 

Imagen: Paisaje matinal. Fernando Fader

 Una vida nueva

                                                                                                   Salesbury, julio 27 de 1807.

Querido diario:

            Hoy llegamos con Mary y su padre a la nueva casa. Fue un viaje largo y cansador. Mary se descompuso en el camino y tuvimos que hacer una parada. Estábamos en el medio del campo; no había un pueblo cerca y todavía faltaba bastante para llegar. El señor William le dio una medicina para los espasmos. Pronto Mary recuperó su color y retomamos la marcha. Detrás de la diligencia, nos seguían dos carromatos con los baúles y algunos muebles. Después de la muerte de la madre de Mary, el señor William se hizo cargo de la hija mayor de su esposa (él no es el padre) y decidió criarlas, a Fanny y  Mary fuera de Londres hasta que tuvieran la edad para conocer otros estímulos más intelectuales. Mientras, él se ocuparía de la educación de las niñas.

            Por mi parte, soy huérfana de madre también. Mi abuela prefirió darme en calidad de dama de compañía de la niña Mary y también como criada. Dar de comer a  cinco niños es mucho, se los alimenta como se puede y mal. No recuerdo cómo hizo la abuela para conocer al señor William, si ella era su criada o le vendía huevos y gallinas los domingos. Yo era pequeña cuando me dejó a su cuidado.

        Lo que la abuela no sabe es que el señor William también me enseñó a leer y a escribir. No concibe la idea de que las niñas no reciban educación. Su esposa Mary fundó la primera escuela para niñas en Londres. Allí se les daban clases de aritmética, gramática, historia, geografía y además lo que una niña tenía que saber para casarse, coser, tocar el piano y dibujar. 

       

          He tenido mucho trabajo hoy con los baúles, pesan mucho los que llevan los libros de la biblioteca del señor William. Pero nos acompañan el cochero y Tom. Ellos bajaron lo más pesado. Estoy muy cansada. Mañana te sigo contando.

                                                                                                      Jane



                                                                                                Salesbury, 8 de agosto de 1807.

Querido diario:

             Tuvimos un domingo encantador. El señor William nos llevó a recorrer el pueblo en coche y luego hicimos un almuerzo en el campo. Salesbury es un lugar precioso, con casitas de piedra con techos a dos aguas, y portones de hierro. Salimos tan temprano que todavía las ventanas de las casas del pueblo estaban cerradas. El casco de los caballos repiqueteaba en los adoquines de la calle y si asomábamos las narices a través de las ventanitas de la diligencia, podíamos ver nuestros alientos como fugaces bocanadas. Salesbury es tranquilo. Hay días de feria donde podemos concentrarnos en la plaza y comprar verduras y frutas, también leche, huevos y algunas gallinas. De vez en cuando llegan a la plaza compañías de actores. El señor William nos llevó a ver una de marionetas y saltimbanquis. Nos reímos mucho. A veces pienso en mis hermanos que quedaron con mi abuela y me digo que soy una privilegiada porque el señor William no es como los demás señores, él dice que si se educa a las niñas como a los hombres, podrán ser independientes y vivir de su trabajo como lo había hecho su esposa. 

             Lo que yo veo es que al señor William lo miran bastante raro acá. No es normal para los demás que nos pasee. Las niñas siempre están en sus casas, a resguardo. Y si bien yo hago tareas como limpiar o ayudar a Anne en la cocina, me da tiempo para tomar lecciones con sus hijas. Él dice que tengo cabeza y que aprendo rápido. Y aunque fuera más lenta, igual me daría clase porque así el cerebro no se “amodorra”. Cuando ayudo a Anne a revolver el guiso o estoy haciendo bollos para el pan, me quedo pensando en esas palabras que él usa y que yo no conozco. Las memorizo y después las anoto en el cuaderno de lecciones para preguntarle a Mary que tiene un diccionario. 

           Mary me regaló hoy un libro precioso después del almuerzo. Habíamos guardado los restos en el canasto y me dijo que tenía que darme algo. Como no tenía papel, lo envolvió en un paño azul. Tenía tapas de cuero y entra en mi bolsillo del delantal. Me dijo que me iba a divertir porque era de aventuras. Se llama Robinson Crusoe. Pero que lo deje para leer cuando esté libre de tareas porque teníamos que aprovechar el sol de la campiña. Entonces nos fuimos ella y yo junto con Fanny hasta el arroyo y luego corrimos carreras. Llevábamos los botines y no tuvimos que arrepentirnos si se mojaban en el agua o si se manchaban con la resina de los árboles, porque ¡también trepamos árboles! Había uno con ramas bajas y gruesas y allí nos quedamos mirando al Señor William que dormitaba bajo su sombrero. Sólo se engancharon las medias, las que tendré que coser mañana. Ahora me voy a dormir. 

Hasta mañana, 

                                                                                                          Jane


Fragmentos del diario imaginario de Jane Moore, criada del señor William Godwin, padre de Mary Shelley*.

*La madre de Mary Shelley, Mary Wollstonecraft, fue una de las precursoras del feminismo en Inglaterra en el siglo XVIII. Murió poco tiempo después de haber dado a luz a Mary, autora de Frankestein.



Campiña inglesa



lunes, 28 de diciembre de 2020

Matsuo Basho

Matsuo Basho: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X- Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte.

domingo, 25 de octubre de 2020

Amor

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

               Idea Vilariño (Montevideo, 1920-Montevideo 2009)





sábado, 19 de septiembre de 2020

Pasión del jacarandá

 

Se desbroza mi nombre. No
tengo nombre soy este atardecer
de los vahos de cielo la identidad
que extiende los brazos

Si pareciera plañir
el llamado de los ecos
no así, a la dulzura
de su llamado, dije, sin nombre
pétalos de una sola vida

—a las manos del aire
vendría el abejorro a zumbar
titilaciones lilas la penumbra tangible
—más cerca del misterio
la instantaneidad del perfil
ala de un rostro
—lejanías
no tengo nombre soy
este atardecer

                    Beatriz Vallejos en Al ángel (1989).



domingo, 23 de agosto de 2020

Fernando Pessoa

Fernando Pessoa: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte.

sábado, 22 de agosto de 2020

 La pelota

  Desde chica me atrajeron las hojas secas. Será porque crecí en un departamento interno y mi horizonte más lejano era el largo pasillo que terminaba en una puerta de rejas negras. La puerta siempre estaba cerrada y la vereda era una angosta sucesión de baldosas un poco rotas. De ahí, el caos de la calle. Mi mundo era salir a andar en bicicleta por el pasillo, jugar a la rayuela o al elástico con Verónica (a veces iba yo a su casa de al lado) y rogar que la pelota de se vaya por la medianera. Porque también jugábamos al vóley de a dos. Todo se inventaba en ese pasillo; hasta el espíritu del viejo de la bolsa que reencarnábamos en el borracho que dormía en la puerta de la iglesia exactamente frente a mi casa o pasillo casa, como me gustaba llamarla. El viejo dormía todo el día ahí y guardaba en la bolsa de arpillera (¡tenía una!) si no a niños secuestrados sus escasas pertenencias que consistían en botellas de vino semivacías. Nunca lo vi parado al viejo. Un día se fue y para mí fue el fin del miedo. O el miedo a la siesta y que me robe, como decía la abuela si no me dormía.

  Pasó que en esas tardes de otoño vino Verónica a jugar a la pelota. Yo estaba un poco enojada porque papá no me había ido a buscar a la escuela, como todas las tardes por un “imprevisto”-según mamá-en el trabajo. Había días de la semana que viajaba a Santa Rosa y se demoraba para llegar a la hora en que yo salía del colegio. Mamá me había ido a buscar pero no era lo mismo porque volvíamos a pie y ya estaba cansada para sumarle varias cuadras hasta llegar a mi casa pasillo. O sea que si le sumaba que había poca luz o que el atardecer en otoño se aparece en un abrir y cerrar de ojos, diría que casi nos pusimos a jugar con Verónica cuando había poca luz en el pasillo. Pero yo no le hice caso a mamá cuando nos dijo que entráramos. Seguía enojada porque papá me había quitado la posibilidad de jugar en el pasillo después de tomar la leche y de ahí no me iba a mover hasta jugar dos partidos completos.

  Verónica hizo el saque y yo respondí con un golpe de abajo que eran los que más me gustaba hacer. La pelota se elevó alto, demasiado y cruzó la medianera. Ahora sí estaba frita. Casi de noche y sin pelota y el pasillo oscuro al final que era como una invitación a perderse en el miedo. Yo sabía que la pelota se había ido al pasillo de Claudito, mi vecino, al que mamá me decía que tenía que tratarlo bien porque era distinto. Yo no sabía qué era lo que tenía Claudito como le decían todos. Una vez me invitó a su cumpleaños. Éramos todos chicos y él más grande en tamaño. Los papás eran más grandes que mis papás y sus hermanas también. A mí me daba vergüenza acercarme aunque parecía inofensivo. La vez que fui a su cumpleaños le di el regalo y no le dije nada. Estiré los brazos y él no lo tomó. Su mamá me sonrió y me dijo “gracias, pasá querida”. Y yo me fui a la mesa de los saladitos.

  La pelota estaba ahora en el patio de Claudito y yo tendría que pedirle a papá que la busque. O sea, me tendría que amigar con papá que pasó por el pasillo cuando llegó y yo ni lo saludé porque vino tarde. La oscuridad se llevó a la tarde y tuve que despedirme de Verónica y entrar a casa. En el umbral de la puerta encontré una hoja seca pegada al piso.

                                                                                                          Jorgelina Garrote



 

domingo, 9 de agosto de 2020

jueves, 6 de agosto de 2020

Dionisio. Eros creador y mística pagana de Hugo Mujica

Dionisio. Eros creador y mística pagana de Hugo Mujica: Columna de literatura del programa Un viaje con vo-z. LT10 Radio de la Universidad Nacional del Litoral. Sábados de 16 a 19 horas. Conduce: Martín Miguel Duarte.

sábado, 25 de julio de 2020

Personajes afroamericanos en LIJ

Personajes afroamericanos en LIJ: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con Vo-z, Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19 hs. Conduce: Martín Duarte

domingo, 12 de julio de 2020

"El Principito" de Antoine de Saint Exupéry.

"El Principito" de Antoine de Saint Exupéry.: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con Vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19 hs. Conduce: Martín Duarte.

miércoles, 8 de julio de 2020

Juan L.Ortiz

Juan L.Ortiz: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte.

domingo, 14 de junio de 2020

Federico García Lorca y "La teoría del duende"

Federico García Lorca y "La teoría del duende": Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del Programa Un viaje con vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19 hs. Conduce:Martín Duarte.

domingo, 7 de junio de 2020

Luiggi Pirandello

Luiggi Pirandello: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con vo-z. Multimedios, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte.

domingo, 31 de mayo de 2020

"La búsqueda del lenguaje" Ángela Pradelli

"La búsqueda del lenguaje" Ángela Pradelli: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte

miércoles, 27 de mayo de 2020

"Un día, un gato" de Juan Lima

"Un día, un gato" de Juan Lima: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del Programa Un viaje con vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte.

domingo, 24 de mayo de 2020

Ray Bradbury

Ray Bradbury: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con vo-z, Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte.

domingo, 17 de mayo de 2020

"Estar en poesía" de Laura Devetach

"Estar en poesía" de Laura Devetach: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19 hs. Conduce: Martín Duarte.

miércoles, 13 de mayo de 2020

César Vallejo

César Vallejo: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte.

jueves, 30 de abril de 2020

"Primera pregunta: 
                 ¿$e puede enseñar la literatura? "Esta pregunta que recibo de frente contestaré también de frente diciendo sólo hay que enseñar eso. [...] ¿Cuál es el papel especifico de la escuela? Es desarrollar el espíritu critico del que hablé antes. Pero se trata de saber también si se debe enseñar algo que sea del orden de la duda o de la verdad. ¿Y cómo escapar a esta alternativa? Hay que enseñar la duda unida al goce, y no al escepticismo. Mejor que la duda, habría que buscar del lado de Nietzsche, allí donde habla de "estremecer la verdad". El objetivo último es hacer temblar la diferencia, el plural en sentido nietzscheano, sin dejar hundirse jamás el plural en un simple liberalismo, aunque esto último sea preferible al dogmatismo. Hay que plantear las relaciones del sentido con lo "natural" y sacudir ese "natural", asestado a las clases sociales por el poder y la cultura de masas. Diré que la tarea de la escuela es impedir, si existe este proceso de liberación, que la liberación pase por un retorno del significado. No hay que considerar nunca que las constricciones políticas sean un purgatorio en el que se debe aceptar todo. Al contrario, hay que poner en relieve siempre la reivindicación del significante para impedir el retorno de lo reprimido. No se trata de hacer de la escuela un espacio de predicación del dogmatismo sino de impedir los rechazos, el retorno de la monologia, del sentido impuesto." 

                                Roland Barthes. Escuela y Literatura. Tomado de "Literatura/enseñanza" en El grano de la voz. Mexico,SigloXXI,1983.   En Literator IV de Daniel Link

Pablo Picasso. "Two girls reading".

lunes, 2 de marzo de 2020


¿Por qué viajamos?

 En la tradición literaria el viaje adquiere significativa importancia. De alguna manera, el viaje representa la existencia humana. Ejemplos sobran: desde la Odisea a la Divina Comedia, saltando por los cantares de gesta como el Mio Cid o el entrañable Quijote por mencionar obras clásicas. ¿Por qué viajamos? ¿Por placer, por trabajo, por evasión? El viaje en literatura simboliza una aventura o una búsqueda, sea de un tesoro  o de un conocimiento concreto o trascendente. El hombre necesita buscar y conocer, huir de su realidad para vivir otra nueva. El viaje es un abrirse al movimiento, a lo nuevo, al riesgo, al encuentro con algo que suponemos nos traerá experiencia y tal vez, sabiduría. Supone que aceptamos salirnos de nuestra zona de confort para luego volver con la sensación de seguimos siendo los mismos pero no tanto. Algo nos dejó el viaje.
 Dice Ana María Shúa en los diarios de su novela Hija que “desde la Odisea en adelante, el viaje es el gran recurso para enhebrar episodios. En la novela picaresca, el personaje viaja de un amo a otro. Una historia de vida es un viaje por el tiempo”. En la literatura argentina fundacional el unitario de El matadero de Echeverría viaja al mundo de los bárbaros; la huída narrada en la Advertencia del Facundo de Sarmiento es otro viaje, doloroso y político, como el de otros tantos escritores exiliados a los que se sumó también la posibilidad de educarse en París, destino por excelencia de la clase letrada del siglo XIX.
  La condición de posibilidad del viaje es el movimiento, el desplazamiento. El viajero “se hace en movimiento” explica Patricia Almarcegui en su libro El sentido del viaje. El viajero se desplaza, hace suyos los destinos, los conoce y los interpreta. Y mientras viajamos, reflexionamos sobre esa transformación interior que nos trae el viaje por añadidura.
  Aunque muchos viajen en verano, el viaje no es únicamente desplazarse de nuestro territorio geográfico a otro. Viajar, como dijo Hebe Uhart, viajera incansable, es también el recorrido que hacemos todos los días para ir al trabajo, para hacer los mandados, para cumplir una rutina deportiva. Son pequeños desplazamientos que enriquecen nuestro viaje interior. ¿Quién no medita mientras va trotando por la costanera o mientras anda en bici? ¿Quién no se queda mirando el horizonte mientras hace fila para pagar un impuesto o en la parada del colectivo?
  Esos viajes pequeños que de tan repetidos no capturamos fotos en el celular son los que hay que tener presentes. No únicamente los grandes viajes de los que guardamos recuerdos en las repisas de casa o en los álbumes. Digo que hay que tenerlos presentes porque son los que van dejando pequeñas marcas en nuestra subjetividad. O también aquellos viajes que hacíamos cuando éramos chicos y no elegíamos el destino. Nos dejábamos llevar. Confiábamos en la decisión de nuestros padres. No hace mucho, observando el río y un carguero, recordé el único viaje en balsa que hice para cruzar a Paraná. A mis padres les gustaba pasar la tarde de algunos domingos trepando por las barrancas para después comer facturas mientras mirábamos el río. Papá había decidido cruzar el auto en balsa y no por el túnel. Quizá hubiera un inconveniente en el túnel o quería agregarle una variante al paseo. Me inclino por esto último. Para cruzar a Paraná tuvimos que esperar un rato hasta que viniera la balsa. El sol picaba a esa hora y adentro del auto nos cocinábamos. Salimos y esperamos en el atracadero.
   La vimos venir desde lejos. La balsa no tenía apuro en llegar a la orilla y el tiempo se me hacía eterno. Cuando atracó, nos demoramos un poco más hasta ubicar el auto en la plataforma. Éramos pocos los que cruzábamos, habríamos sido seis o siete personas. A mí me parecía entrar en el terreno de la aventura al estilo de Phileas Fogg en La vuelta al mundo en ochenta días, la novela de Julio Verne que estaba leyendo de la colección Billliken. No recuerdo haber conversado mientras cruzábamos el río; los demás, tampoco. Mirábamos la costa que teníamos enfrente, el oleaje pausado y monótono del río o los edificios de la ciudad a la que nos íbamos acercando lentamente como tripulantes de un barco imaginario que allí tenía forma de balsa y el mar era ese ancho río marrón.
  La poetisa portuguesa Sophía de Mello Breyner Andresen dice en Arte Poética que “El reino ahora es sólo aquel que cada uno por sí mismo encuentra y conquista, la alianza que cada uno teje”. Quizá ese paseo de la infancia fue ir a la búsqueda de un reino y ahora esta embarcación navegando por el afluente del Paraná me lo trajo a la memoria.
  Volviendo a la literatura, el viaje como tópico es su condición de posibilidad. El viaje cruza, rompe y subvierte las líneas del espacio y del tiempo. No es un tema más. Es el tema de la literatura. Pero también lo es en nuestra vida. Vital, azaroso, enérgico, salvífico o como decidamos adjetivarlo. Será cuestión de aceptarlo y ver qué pasa.
                                                                                                    Jorgelina Garrote

Fuentes consultadas:
Almárcegui, Patricia. El sentido del viaje. El diario.es, 23/05/2014.
Literatura y viaje. Del Blog: ornellacompañeraensayística.
Shúa, A.M. Hija, Bs.As., Emecé, 2016.



jueves, 2 de enero de 2020


                                                                                     Este camino
                                                                        nadie ya lo recorre
                                                                         salvo el crepúsculo. 
                                                                                         Basho


El sol de la tarde
abre un sendero.


en el pinar
los pájaros
eligen
una rama


Las ranas y los grillos
cantan a la noche
que vendrá


yo atravieso
el camino


allí donde
todo calla
encontraré
las piñas
que dejaste.

                 J.G.
Foto: María Eugenia Zeballos