Una vida nueva
Salesbury, julio 27 de 1807.
Querido diario:
Hoy llegamos con Mary y su padre a la nueva casa. Fue un viaje largo y cansador. Mary se descompuso en el camino y tuvimos que hacer una parada. Estábamos en el medio del campo; no había un pueblo cerca y todavía faltaba bastante para llegar. El señor William le dio una medicina para los espasmos. Pronto Mary recuperó su color y retomamos la marcha. Detrás de la diligencia, nos seguían dos carromatos con los baúles y algunos muebles. Después de la muerte de la madre de Mary, el señor William se hizo cargo de la hija mayor de su esposa (él no es el padre) y decidió criarlas, a Fanny y Mary fuera de Londres hasta que tuvieran la edad para conocer otros estímulos más intelectuales. Mientras, él se ocuparía de la educación de las niñas.
Por mi parte, soy huérfana de madre también. Mi abuela prefirió darme en calidad de dama de compañía de la niña Mary y también como criada. Dar de comer a cinco niños es mucho, se los alimenta como se puede y mal. No recuerdo cómo hizo la abuela para conocer al señor William, si ella era su criada o le vendía huevos y gallinas los domingos. Yo era pequeña cuando me dejó a su cuidado.
Lo que la abuela no sabe es que el señor William también me enseñó a leer y a escribir. No concibe la idea de que las niñas no reciban educación. Su esposa Mary fundó la primera escuela para niñas en Londres. Allí se les daban clases de aritmética, gramática, historia, geografía y además lo que una niña tenía que saber para casarse, coser, tocar el piano y dibujar.
He tenido mucho trabajo hoy con los baúles, pesan mucho los que llevan los libros de la biblioteca del señor William. Pero nos acompañan el cochero y Tom. Ellos bajaron lo más pesado. Estoy muy cansada. Mañana te sigo contando.
Jane
Salesbury, 8 de agosto de 1807.
Querido diario:
Tuvimos un domingo encantador. El señor William nos llevó a recorrer el pueblo en coche y luego hicimos un almuerzo en el campo. Salesbury es un lugar precioso, con casitas de piedra con techos a dos aguas, y portones de hierro. Salimos tan temprano que todavía las ventanas de las casas del pueblo estaban cerradas. El casco de los caballos repiqueteaba en los adoquines de la calle y si asomábamos las narices a través de las ventanitas de la diligencia, podíamos ver nuestros alientos como fugaces bocanadas. Salesbury es tranquilo. Hay días de feria donde podemos concentrarnos en la plaza y comprar verduras y frutas, también leche, huevos y algunas gallinas. De vez en cuando llegan a la plaza compañías de actores. El señor William nos llevó a ver una de marionetas y saltimbanquis. Nos reímos mucho. A veces pienso en mis hermanos que quedaron con mi abuela y me digo que soy una privilegiada porque el señor William no es como los demás señores, él dice que si se educa a las niñas como a los hombres, podrán ser independientes y vivir de su trabajo como lo había hecho su esposa.
Lo que yo veo es que al señor William lo miran bastante raro acá. No es normal para los demás que nos pasee. Las niñas siempre están en sus casas, a resguardo. Y si bien yo hago tareas como limpiar o ayudar a Anne en la cocina, me da tiempo para tomar lecciones con sus hijas. Él dice que tengo cabeza y que aprendo rápido. Y aunque fuera más lenta, igual me daría clase porque así el cerebro no se “amodorra”. Cuando ayudo a Anne a revolver el guiso o estoy haciendo bollos para el pan, me quedo pensando en esas palabras que él usa y que yo no conozco. Las memorizo y después las anoto en el cuaderno de lecciones para preguntarle a Mary que tiene un diccionario.
Mary me regaló hoy un libro precioso después del almuerzo. Habíamos guardado los restos en el canasto y me dijo que tenía que darme algo. Como no tenía papel, lo envolvió en un paño azul. Tenía tapas de cuero y entra en mi bolsillo del delantal. Me dijo que me iba a divertir porque era de aventuras. Se llama Robinson Crusoe. Pero que lo deje para leer cuando esté libre de tareas porque teníamos que aprovechar el sol de la campiña. Entonces nos fuimos ella y yo junto con Fanny hasta el arroyo y luego corrimos carreras. Llevábamos los botines y no tuvimos que arrepentirnos si se mojaban en el agua o si se manchaban con la resina de los árboles, porque ¡también trepamos árboles! Había uno con ramas bajas y gruesas y allí nos quedamos mirando al Señor William que dormitaba bajo su sombrero. Sólo se engancharon las medias, las que tendré que coser mañana. Ahora me voy a dormir.
Hasta mañana,
Jane
Fragmentos del diario imaginario de Jane Moore, criada del señor William Godwin, padre de Mary Shelley*.
*La madre de Mary Shelley, Mary Wollstonecraft, fue una de las precursoras del feminismo en Inglaterra en el siglo XVIII. Murió poco tiempo después de haber dado a luz a Mary, autora de Frankestein.
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| Campiña inglesa |

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