martes, 28 de mayo de 2019


Migas de pan

Cada mañana la calandria
reclama sus migas de pan.

Desde la cocina la veo venir
volando, con la premura del hambre
y el gesto de pedir sin arrogancia.

Actúo como si no la viera
como si no esperase que día
a día se acerque a la ventana
suavemente a encantar
las horas, y así como está,
paradita en el alféizar,
le dejo el pan que ella toma.

Quizás la calandria piense
que esas migas de pan
son la providencia,
que una mano divina
la alimenta sin razón y
entonces, con el pan en el pico,
se va lejos con su vuelo.

Yo me quedo con mi mano abierta
y pienso en la belleza
siempre fugaz.

                               Jorgelina Garrote





domingo, 19 de mayo de 2019


                                                     “Me he buscado en la luz, en el mar, en el viento” 
                                                                                           (Sophía de Mello)
Me he buscado en la sombra pero también en la luz
el otoño es una nostalgia inmadura
tardes en las que callan los pájaros
y la sombra muere conmigo cuando miro hacia atrás.
La luz se va como esa avidez
de tantos que van y vienen
haciendo y deshaciendo las madejas
de un tejido infinito.
¿Podré inclinar la cabeza hacia la quietud
hacia el fondo de lo que vale?
Al tiempo no le importa mi cansada fragilidad
entonces me digo que es mejor reírse,
bambolearse en la barca tormentosa
soñar con la pureza o
con el silencio de la noche.

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Diario
13 de mayo

en la siesta
el hijo encontró dos abejas
en el baño,
yo pensé qué bravura
las abejas, tan pequeñas,
asomarse así al abismo.


Me acordé de Einstein y
de la vida que fluye con ellas.
Busqué dos tarritos, el hijo
las encerró con la suavidad de quien
resguarda lo sagrado.
Desaparecieron en el vacío de la ventana
y pensé que habrá más que vendrán.

Desmemoriadas o perdidas
llevan un misterio en sus alitas.



miércoles, 1 de mayo de 2019


Diario

Primero de mayo

por el filo se camina la vida
en la ciudad
no es que todo sea gris,
“el trabajo dignifica” dicen
pero cuánto lleva ganarse el pan
hay que levantarse temprano y
correr las horas, azuzar ese tiempo
que parece más que un día,
no sé, si a los demás les pasará
igual que a mí. Me pierdo tanto
sol o los tallitos que crecen
tan alegres en el borde de la calle,
y eso que miro para abajo,
allí están, sintiendo el fresco
del otoño, hay también plumitas
de los pájaros que ya no están
les han cortado las ramas de los árboles,
en la plaza había tantos que tuvieron
que irse quién sabe a dónde
a posar su pequeña humanidad
donde no estorben.
No los quiero olvidar, no quiero
olvidarme del tallito verde
que crece en el borde de la calle,
ellos son el alma de algo más
que está y resplandece
con una conciencia sabia
que va y viene.
Nos salvan a todos.

                             J.G.