viernes, 7 de julio de 2017

Diarios Personales



Sábado 22 de abril:
 He visto el cielo a la hora de la tarde, cuando el sol cae, silencioso, por el oeste. Fueron instantes. Cruzaba la avenida cuando el semáforo estaba en rojo. Me conmovieron los naranjas y amarillos diluidos como manchas de acuarela en un dibujo de mi hija. Belleza gratuita a diario que no vemos, que no veo porque estoy mirando para abajo ante la tiranía del celular.

Viernes 28 de abril:
   Temprano, antes de ir a trabajar, he leído un poema de John Berger, sorpresas esporádicas de Facebook:
EN TU ISLA
¿Cae la noche más tarde
en tu isla?
¿Voy caminando delante de ti acaso
para que no muerda una culebra
tus pies con sandalias?
Nunca se logra el equilibrio.
Por eso las estrellas callan
sin darnos una explicación.
¿Cómo va a competir
una estación
contra
el calendario de la ausencia?
¿Cómo medir
el raudal
de mi luz enmarañada
en la montaña
de lo que ha sido
y será?
Nunca se logra el equilibrio.
Sin embargo, ni tus ojos ni los míos
tanteándose en la noche
muestran signos de vértigo.
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(Traducción: Pilar Vázquez Álvarez)

“Nunca se logra el equilibrio/Sin embargo, ni tus ojos ni los míos/muestran signos de vértigo”. Qué maravillosa imagen del amor. Los poemas no se explican; el silencio absorbe las palabras, poesía que sabe muy bien dónde acobijarse.






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