Carnaval
Hermanita, las cosas no serán siempre así, jugar cuando nos levantamos,
hace calor, es verdad, falta poco para que volvamos a la escuela, no querés que
te levante para tomar la leche; es que si no te levanto mamá se va a enojar
conmigo porque ella se fue a trabajar y yo te tengo que cuidar hasta que
vuelva. Si te levantás podemos inflar bombitas de agua y dejarlas en el balde
hasta que salgamos al pasillo a tirarlas. Ayer casi llovió, viste, se puso
negro el cielo y tuvimos que entrar porque la abuela tiene miedo de que se nos
venga un rayo encima; bueno, a mí también me da un poquito de miedo la tormenta
pero no tanto como a la abuela. Hoy está lindo, bah, es un decir, hace un calor
tremendo, está pesadísimo y no son las diez de la mañana. Yo me levanté a las
ocho y no había nadie en casa, entonces me puse a barrer el comedor y a leer un
rato, no el libro que te estaba leyendo ayer sino otro que es para chicas de mi
edad. Después se me ocurrió que te podía escribir una carta, no es que me ponga
pesada como la tía Mónica que a todo lo encuentra una moraleja, habla sola y
sola cuando tiene alguien que la escuche; no, yo quiero escribirte para
contarte que las cosas no siempre van a ser así, que cuando una no sabe muy
bien qué le está pasando podemos ir a la cuevita debajo de la mesa cuando
éramos bien chicas y entrábamos las dos y parece que las cosas cambian, estamos
más tranquilas en ese refugio. Mamá pasaba y no nos molestaba, podíamos ver
bien los dibujos animados de la tele hasta que nos llamaba para bañarnos antes
de comer. Yo casi no entro debajo de la mesa, me tengo que inclinar mucho pero
vos sí entrás bien, entonces no quiero que creas que no me gusta más ir a la
cuevita con vos, es que me hace doler la espalda, pero igual voy para hacerte
compañía. Te decía que algunas cosas cambian y otras no, fíjate que yo te llevo
unos cuantos años, voy a entrar a la secundaria y todavía juego con vos a las
muñecas, les coso unos tutús hermosos con papel crépe a las barbies patilargas,
o les tejo sombreritos para el inviernos o el verano según la estación, uso
hilo o lana, y tomo el té en tacitas miniatura. Puedo hacer todo eso con vos y
nadie se entera, mejor así; seguro que mis amigas hacen lo mismo con sus
hermanos más chicos o con sus primos aunque nosotras no lo digamos, a mí me da
un poco de vergüenza si lo pienso; a veces creo que no tendría que jugar más
con vos a las muñecas porque estoy grande, algunas de mis compañeras que no son
amigas mías salen solas al centro y a veces se juntan con chicos, charlan hasta
tarde y los padres no les dicen nada; a mí eso me enoja un poco, que a los
padres les dé igual, fíjate que nuestra prima tiene un novio grande, de veinte
y ella tiene quince, y mi madrina ni fu ni fa; por eso a mamá no le gusta que yo
me junte con ella cuando voy a lo de la abuela y vos te quedás acá porque a
veces se le hace difícil cuidarnos a las dos, porque vos te aburrís y yo
también, entonces despacha a una para que el tiempo pase y no nos demos cuenta.
Bueno, lo que cambia, a veces me da cosquillas en la panza, o me pongo
colorada, es que empezás a fijarte en los varones cuando antes ni los
registrabas y más si vas a un colegio en el que todas son mujeres. Viste que
ayer jugamos a las bombitas hasta un poco antes de que se oscurezca el cielo,
vos te habías ido adentro porque mamá nos había llamado; yo estaba en la puerta
con Verónica tirando las últimas bombas de agua, esas que no lastiman porque
las inflamos mucho, como si fueran berenjenas que te mojan y no duelen; yo le
había tirado a Francisco que es el primo de Diego que está parando unos días en
su casa porque es de Llambi, y resulta que le di en el pecho apenas se
acercó, le mojé toda la remera y no le gustó nada; yo me reía un montón con
Verónica pero era una risa de nervios más que nada porque sabía que después
iban a volver con el balde lleno y nos iban a querer matar a bombazos, lo peor
es que son bombitas chicas, de esas que duelen y te dejan el brazo colorado
como si te hubiera picado un jején. Bueno, dicho y hecho, vinieron con el balde
y nosotras empezamos a correr para adentro del pasillo de casa; una bombita me
alcanzó en la espalda y me dolió un montón, yo gritaba que paren un poco que
éramos chicas y ellos varones, que sean más suaves que nosotras tirábamos bombas
de agua berenjena y que no dolían. Viste que el pasillo tiene tres puertas y
después, hacia el final hay un poco de tierra tipo baldío porque ahí van a
construir el cuarto departamento pero falta porque no tiene dueño, bueno, ahí
Francisco me alcanzó con otra en la pierna y la última en el brazo, la verdad
es que me dolía, y yo que soy bastante corajuda pero esa vez no sé qué me pasó
que no pude dar mis patadas a lo Karate Kid me saltaron las lágrimas y le dije
que era un desgraciado, que ya me había lastimado lo suficiente como para
declararse ganador de la tarde y el tarado, no sé cómo llamarlo, con la remera
pegada al cuerpo por la única que yo había acertado, me agarró la muñeca para
que no le pegue, me pasó la mano por la cara para sacarme las dos lágrimas más
las gotitas de transpiración que tenía bajo la nariz y me besó en la boca.
Habrán sido dos segundos y se fue corriendo. Después yo entré a casa porque
mamá me había vuelto a llamar; Verónica ya se había ido. Me fui directo al baño
para pasarme agua en el brazo y en la pierna y me saltaron otras dos lágrimas,
entonces no sé, algo me duele, porque después de esas lágrimas vinieron otras y
me tuve que contener un poco para disimular porque era la hora de la
chocolatada y vos estabas esperando a que nos juntemos bajo la mesa para ver
los dibujos animados, yo no te podía fallar como hermana, tenía que acompañarte
como todas las tardes, entonces disimulé y te dije que habían sido las bombas
de agua que me habían dejado dos moretones y me dolían y por eso estaba así
aunque yo sabía que lo que me causaba bronca era lo otro, y otra cosa en el
pecho que no sé cómo se llama porque a Francisco lo odio por lo que hizo pero a
la vez fue dulce el beso y es mi primer beso y a Verónica no se lo puedo contar
porque se le va a decir a todo el barrio, entonces te escribo para contarte
pero sos chica y no puedo darte esta carta, todavía no, porque no me vas a
entender, la voy a guardar un tiempo hasta que crezcas, hasta que aparezcan los
varones en la vida y las cosas empiecen a doler de otra manera.
J.G.

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