Las ciudades y los puentes
Irenea es una ciudad escondida en las
montañas. Sus habitantes viven entre sus laderas o en cuevas perdidas. Para no
morir de frío, construyen canales internos con pozos de agua y tienden redes
eléctricas para sobrellevar el invierno. Para vivir en Irenea hay que superar
un entrenamiento exigente; por ejemplo, escalar sin caer a cien o más metros o
hacer equilibrio entre los puentes de soga colgados desde sus abismos.
Los
Ireneos suelen agruparse en parejas. Las mujeres, ágiles y fuertes, intercambian tejidos por legumbres con las mujeres de ciudades
vecinas. Los hombres construyen caminos, atan los puentes en diferentes alturas
y encienden el fuego comunitario. Por la noche, acostumbran contar un cuento, hábito
milenario traído de Oriente y también cantan al mediodía, como si la palabra
los uniera con los antiguos y con los que vendrán en una cadena infinita hecha
de sonoridades y de sentidos que despiertan placidez interior. Algún aventurero
podrá decir que el arte forma parte de sus costumbres aunque ellos no conozcan
qué significa esta palabra.
Los habitantes
de Irenea tienden a diario múltiples sogas que trenzan hacia la cumbre; aspiran
a llegar algún día, o una noche, al pico más alto para respirar el aire de los
dioses. La inmortalidad es en Irenea un símbolo como lo son el río, el sueño
o el viaje.
J.G.
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| Foto: M.C.Escher |

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