Parte médico
“Hace
pocos días me ha llegado el pedido de un informe del estado de salud mental del
paciente Conde de Transilvania internado en nuestra institución. En la primera
entrevista que tuve con el paciente observé un profundo estado de delirio
agravado probablemente por el escaso contacto con la luz solar y el encierro en
un cajón que, según contara, es su espacio de descanso. La tez verdosa, las
marcadas ojeras y la mirada, por momentos, esquiva, por momentos inquisitoria,
me permiten hacer una primera lectura de que estamos ante un caso de paranoia
esquizofrénica. El paciente aduce que no puede exponerse a la luz solar, caso
contrario, sus fuerzas se debilitan. Que necesita una ingesta diaria de sangre;
por tal razón, sale a medianoche a cazar animales y que las malas lenguas han
porfiado que muerde a la gente, en particular, a mujeres. También, según su
testimonio, se vio obligado a vivir aislado, encerrado en un castillo de su
propiedad hasta que fue delatado por un viejo sirviente que, ante la falta de
paga, dio la información de su paradero a los lugareños de Transilvania que lo
venían buscando para darle muerte por haber mordido a dos jovencitas del
pueblo. Tal situación lo obligó a tomar un vuelo nocturno desde Europa del Este
hasta América. La premura del viaje lo llevó a marcar un destino azaroso; el
arribo a Buenos Aires lo sorprendió: desconocía de un país llamado Argentina.
Demás está decir que la luz del día impidió que saliera del aeropuerto por lo
que tuvo que esperar a que anocheciera para tomar otro vuelo. Durante la espera
le dijeron que la ciudad era la capital y muy ruidosa para su necesidad de
anonimato; le sugirieron las sierras de Córdoba. En Ezeiza tomó otro vuelo a
Córdoba ciudad. Allí pidió un coche particular a cualquier pueblo de las
sierras más o menos cercano. Lo llevaron a Unquillo con la promesa de
tranquilidad y poca gente. Alquiló una casa vía telefónica. La dueña vive cerca
de la alquilada aunque nunca la vio; prefiere los depósitos on line. Entre los
papeles que observé se encuentran varias cartas a Mina y a Lucy. Sospecho que
son amores no correspondidos por el tono nostálgico, y a veces, desesperado,
del conde. Están fechadas en el siglo anterior, lo cual permite identificar
desvaríos en cuanto a la ubicación en el tiempo. En ellas, Drácula deja
entrever que los prejuicios sociales se interponen en la relación amorosa que,
por lo que entreveo, no se ha consumado, y él ánimo cambiante de su carácter
pondría en peligro la integridad de las jóvenes. Sospecho que aquí se refiere a
la supuesta provista diaria de sangre.
El conde permaneció desapercibido por los
vecinos durante dos meses desde su llegada. Según testimonios de la dueña de la
casa, nunca lo vio salir de día; al punto de que merodeó el lugar un par de
veces ante la sospecha de abandono; pero al recibir el depósito del segundo mes
de alquiler entendió que el inquilino deseaba una vida al resguardo de visitas.
Los inconvenientes surgieron a partir del tercer mes cuando aparecieron en la
zona varios animales muertos; aparentemente desangrados por algo o alguien que
no era otro animal. El pánico cundió en Unquillo
acervado por leyendas rurales y fotos subidas a las redes sociales por los más
jóvenes. Cuando interrogué al paciente por estos hechos me dijo que se le había
terminado la sangre de los bidones que había traído de Europa y que le urgía
abastecerse. Es evidente que estamos ante un caso de locura extrema; el sujeto
“cree” ser el Conde Drácula de la leyenda; emula desde la impostura y acciones
al personaje de ficción. Encontré entre otras de sus pertenencias, un viejo
ejemplar de Bram Stocker.
Desde que fue detenido e internado en la
institución se le han aplicado diez sesiones de electroshok, un método
tradicional para generar en el paciente el olvido de sus acciones
inmediatamente anteriores y abrir un espacio a la curación; aplaca la ansiedad
y fantasías relacionadas con el suicidio. Si bien Drácula porfía en que es
inmortal, su documento de identidad indica que nació en 1950. No descarto que
busque las maneras de escaparse del hospital dado que se niega a salir durante
el día por el parque para hacer las necesarias caminatas con el enfermero de
turno. Encontré, además, en un bolsillo secreto de su valija, cremas y
maquillaje artístico que confirman que el tono verdoso de la piel es producto
de una cuidada construcción de su imagen. El punto más álgido de su persona es
el origen de sus fondos: tiene una cuenta en dólares en un banco de Suiza a la
que no tuve acceso; sin embargo, de manera que aún no comprendo, llegan
puntualmente los depósitos para la internación y el alquiler. El paciente será
interrogado nuevamente por autoridades policiales dentro de dos días. Luego de
esa fecha, seguiré con el informe.” (grabación del Dr. Enrique Subiela, médico
del Hospital Psiquiátrico de la ciudad de Córdoba, 23/10/16)
J.G.
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| Foto: Bela Lugosi en Drácula (film de Ted Browing, 1931) |

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