viernes, 9 de diciembre de 2016

A partir de "Jack el Olvidador" de Alberto Laiseca

Parte médico

“Hace pocos días me ha llegado el pedido de un informe del estado de salud mental del paciente Conde de Transilvania internado en nuestra institución. En la primera entrevista que tuve con el paciente observé un profundo estado de delirio agravado probablemente por el escaso contacto con la luz solar y el encierro en un cajón que, según contara, es su espacio de descanso. La tez verdosa, las marcadas ojeras y la mirada, por momentos, esquiva, por momentos inquisitoria, me permiten hacer una primera lectura de que estamos ante un caso de paranoia esquizofrénica. El paciente aduce que no puede exponerse a la luz solar, caso contrario, sus fuerzas se debilitan. Que necesita una ingesta diaria de sangre; por tal razón, sale a medianoche a cazar animales y que las malas lenguas han porfiado que muerde a la gente, en particular, a mujeres. También, según su testimonio, se vio obligado a vivir aislado, encerrado en un castillo de su propiedad hasta que fue delatado por un viejo sirviente que, ante la falta de paga, dio la información de su paradero a los lugareños de Transilvania que lo venían buscando para darle muerte por haber mordido a dos jovencitas del pueblo. Tal situación lo obligó a tomar un vuelo nocturno desde Europa del Este hasta América. La premura del viaje lo llevó a marcar un destino azaroso; el arribo a Buenos Aires lo sorprendió: desconocía de un país llamado Argentina. Demás está decir que la luz del día impidió que saliera del aeropuerto por lo que tuvo que esperar a que anocheciera para tomar otro vuelo. Durante la espera le dijeron que la ciudad era la capital y muy ruidosa para su necesidad de anonimato; le sugirieron las sierras de Córdoba. En Ezeiza tomó otro vuelo a Córdoba ciudad. Allí pidió un coche particular a cualquier pueblo de las sierras más o menos cercano. Lo llevaron a Unquillo con la promesa de tranquilidad y poca gente. Alquiló una casa vía telefónica. La dueña vive cerca de la alquilada aunque nunca la vio; prefiere los depósitos on line. Entre los papeles que observé se encuentran varias cartas a Mina y a Lucy. Sospecho que son amores no correspondidos por el tono nostálgico, y a veces, desesperado, del conde. Están fechadas en el siglo anterior, lo cual permite identificar desvaríos en cuanto a la ubicación en el tiempo. En ellas, Drácula deja entrever que los prejuicios sociales se interponen en la relación amorosa que, por lo que entreveo, no se ha consumado, y él ánimo cambiante de su carácter pondría en peligro la integridad de las jóvenes. Sospecho que aquí se refiere a la supuesta provista diaria de sangre.
  El conde permaneció desapercibido por los vecinos durante dos meses desde su llegada. Según testimonios de la dueña de la casa, nunca lo vio salir de día; al punto de que merodeó el lugar un par de veces ante la sospecha de abandono; pero al recibir el depósito del segundo mes de alquiler entendió que el inquilino deseaba una vida al resguardo de visitas. Los inconvenientes surgieron a partir del tercer mes cuando aparecieron en la zona varios animales muertos; aparentemente desangrados por algo o alguien que no era otro animal. El pánico cundió en Unquillo acervado por leyendas rurales y fotos subidas a las redes sociales por los más jóvenes. Cuando interrogué al paciente por estos hechos me dijo que se le había terminado la sangre de los bidones que había traído de Europa y que le urgía abastecerse. Es evidente que estamos ante un caso de locura extrema; el sujeto “cree” ser el Conde Drácula de la leyenda; emula desde la impostura y acciones al personaje de ficción. Encontré entre otras de sus pertenencias, un viejo ejemplar de Bram Stocker.
   Desde que fue detenido e internado en la institución se le han aplicado diez sesiones de electroshok, un método tradicional para generar en el paciente el olvido de sus acciones inmediatamente anteriores y abrir un espacio a la curación; aplaca la ansiedad y fantasías relacionadas con el suicidio. Si bien Drácula porfía en que es inmortal, su documento de identidad indica que nació en 1950. No descarto que busque las maneras de escaparse del hospital dado que se niega a salir durante el día por el parque para hacer las necesarias caminatas con el enfermero de turno. Encontré, además, en un bolsillo secreto de su valija, cremas y maquillaje artístico que confirman que el tono verdoso de la piel es producto de una cuidada construcción de su imagen. El punto más álgido de su persona es el origen de sus fondos: tiene una cuenta en dólares en un banco de Suiza a la que no tuve acceso; sin embargo, de manera que aún no comprendo, llegan puntualmente los depósitos para la internación y el alquiler. El paciente será interrogado nuevamente por autoridades policiales dentro de dos días. Luego de esa fecha, seguiré con el informe.” (grabación del Dr. Enrique Subiela, médico del Hospital Psiquiátrico de la ciudad de Córdoba, 23/10/16)
                                                                            J.G.

Foto: Bela Lugosi
en Drácula (film de Ted Browing, 1931)




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