Calles
I
Y si entre las veredas de la avenida
lo viera venir,
lo viera caminar en sentido contrario
como si tuviera la intención
de acercarse,
sus ojos mirándome.
Entonces esta ciudad de ríos,
apenas una mancha en el mapa,
tendrá el aroma intenso
a jazmines, a lapachos florecidos,
el palo borracho abriéndose
a los nombres de todos los árboles,
no tan arisco como para arrimar
las manos a su piel.
II
Y ahora camino hacia al río,
bordeo las calles, reverberan
los vidrios de botellas rotas,
uno o dos que anoche se perdieron
por una mujer o quién sabe qué.
El este es un destino,
como el río que es también la calle,
hipnotizan los lapachos o los jacarandáes,
las baldosas insinúan el nombre
que amo; voy hacia el este,
bordeando el camino de asfalto,
llenando el vacío con hojitas de paraíso
hasta que te encuentre.
III
Porque ella me contiene
como la palma de mi mano
las marcas del tiempo,
no el deseo, no los signos
de tu paso en un cuerpo
que ya no es el mío.
La ciudad guarda la memoria
de lo vivido, como instantáneas
y ella está para recordar
que soy aprendiz
de un lenguaje que duele.
J.G.


