miércoles, 31 de agosto de 2016

El río.
     Yo no sé qué pensás de todo esto, si creés que tiene algún tipo de solución, no me preguntés a mí que nunca salí de esta ciudad recortada por el río, qué puedo saber yo qué tienen en común el Paraná con el Sena, sabrás vos que vivís en esa ciudad tan deslumbrante como dicen, yo a lo sumo viajé a Buenos Aires y conocí el Riachuelo, Avellaneda, las casitas de chapa multicolor que tanto me gustan. Ya te dije que esa parte pintoresca me gusta, por algo pinto no como Quinquela, claro, pero que tengo unas ganas enormes de parecerme a él ni te digo. Acá el río es así de marrón como el otro, sucio, impávido, yo no puedo decir que vivo en la ciudad de las luces como vos pero tenemos este puente que de noche lo iluminan que es una belleza y da para un romance, ¿viste? Vos allá no te enamoraste? No probaste darte un beso en esos puentes románticos por los que Cortázar alguna vez caminó? No me vas a decir que no conocés la película de los amantes del puente Neuf, con Juliete Binoche. ¡Pero dónde vivís, che! Estás en la mejor ciudad del mundo y ni te acordás de las películas que la retratan, que la muestran como una deidad casi te diría..mitológica, no sé, ponele el nombre que quieras a la cuestión, lo que te digo es que acá el río es un río y punto, no hay mucho que decir más que la gente tiene un sentimiento encontrado porque no hay como comer pescado de río viste? Tan sabroso, tan de acá a la parrilla, además de la gente de afuera que viene a pescar, a comer en el rancho de Chiquito y ese folclore con el liso, la cumbia, qué va, a mí me gusta el pescado con vino blanco, que no se puede saborear un pacú que es una delicia con salsa criolla si no lo acompañás con la bebida indicada, un chardonnay, por ejemplo. Vos por allá seguro que conseguís los quesos y los vinos que se te ocurran, claro que esos pescados de por allá no saldrán del Senna, digo, que es un río para las fotos y películas como la que te decía, con Juliete Binoche que a mí tanto me gusta ella, me vi casi todas las películas y parece que no se le notan los años, siempre está igual de hermosa, pero bueno, sigamos, vos me hablás del río, que no me vaya por la tangente, pero qué más querés que te diga, si no tenés más que camalotes en la orilla y algunos peces muertos que pobrecitos, con este frío la temperatura los mata, que por acá pasamos de un otoño lluvioso a un invierno crudo; no sabés cómo se me pusieron las plantas del patio con los cambios, ni qué hablar de la orquídea que estaba cultivando, no tengo mucha esperanza de que florezca. Los otros días mi hermana que trabaja como maestra en la escuela de barrio sur, la que está en el parque, ¿te acordás? me contó que otra vez desapareció el padre de dos de sus alumnos, que lo están buscando y no aparece. Sí, se fue a pescar, viven del río viste, si los chicos no comen en la escuela algo le tiene que dar el río que lo tienen apenas salen del rancho. Son tan humildes esos chicos, la vez que fui a llevarles la ropa que tenía para donar vos vieras el olor a humo que tienen, viven todos hacinados, la mirada huidiza pero digna viste, que sé yo, no sé cómo explicarlo, para ellos el río es como un padrino que les da de comer y ahora esto, que desaparezca el padre…Y ellos qué van a hacer ahora, saldrá el mayor con la canoa. Sí, la escuela les da de comer, también les da la ropa, las zapatillas, el mate de la mañana, por último las hojas para la carpeta, porque en esta escuela lo primero es la comida, y ¿ellos? ¿Dónde dejarán guardada la pena del padre que no vuelve? ¿A quién le importa si no vuelven? Cada tanto la asistente se les aparacerá por el rancho a ver cómo andan y qué más…, por más que lo conozcas al río de acá, es traicionero, se los lleva  como si fueran las ofrendas de un dios maligno; el río se los lleva y a mí todo esto me  angustia, viste, mejor te corto, hago las compras antes de que cierren los negocios, prométeme que me llamás durante la semana.

                                                                          J.G.



sábado, 27 de agosto de 2016

          "Un hombre laberíntico jamás busca la verdad sino únicamente a su Ariadna"
                                                  Roland Barthes en La cámara lúcida. Bs.As., Paidós comunicación, 2015 (11ºreimp.)


Roland Barthes

miércoles, 24 de agosto de 2016

A ochenta años del fusilamiento a Federico García Lorca

Ci Yacet

Aquí yacen ceniza, polvo y nada.
Cayeron en el centro de la lucha,
cayeron en el centro de la tarde
a la perfecta soledad madura.

Aquí yacen ceniza y polvo y nada,
pero su sangre corre en nuestra sangre
que ceniza no es, ni polvo ni nada.

Pero su sueño vive en nuestro sueño
que ceniza no es, ni polvo ni nada
que polvo no es y no es ceniza y nada.

Y su alegría está en nuestra sonrisa
que ceniza no es ni polvo y nada,
que nada no es ni polvo ni ceniza.

Aquí yacen ceniza y polvo y nada
los que fueron de carne, sangre y hueso,
y en nuestra carne y sangre y hueso nacen,
muerte fecunda en el vital proceso.

Polvo y ceniza y nada no es su muerte,
que la muerte, en la lucha no es la muerte,
no pongáis epitafios a su muerte.

Transformación constante, cielo y tierra,
el sol, el agua, el aire es epitafio,
en la paz y en la guerra de la tierra.

De la tierra vinieron y a la tierra
volvieron y la tierra los devuelve.
Son la Historia, que sigue.
Son la Revolución, que nunca muere.
                          Raúl González Tuñón. La muerte en Madrid (1939), en Poesía reunida, Bs.As., Seix Barral, 2011. 


Raúl González Tuñón

domingo, 14 de agosto de 2016

"No aprecio los concursos ni los premios. Los artistas no somos boxeadores. No tenemos por qué ganarnos los unos a los otros sino a fuerza de trompadas, a causa de una manía detestable llamada competencia.
  Los artistas, -y los escolares y los estudiantes y los investigadores y..etcétera-suelen necesitar estímulo moral y económico, sobre todo en sus comienzos. Y deben conseguirlo porque lo necesitan y lo merecen, no por haber ganado una maratón, triundando sobre otros para llegar primeros. Primeros...¿a dónde?"
                                               María Elena Walsh. El cuento de la autora en Chaucha y palito. Bs.As., Alfaguara, 2012.


         
María Elena Walsh
Foto: Sara Facio

martes, 2 de agosto de 2016

Ellas, las máscaras.

   Salgo al mundo y descubro sus máscaras, y son tantas que prefiero no describir sus formas ni sus modales. Sé que entre los diarios del día y los bocinazos de los autos en la avenida no tengo mucho que decir; ellas acaparan la atención y merman mi esperanza de silencio compartido. Ni las cotorras en los árboles más empinados de la plaza pueden iniciar su concierto inquieto y alegre, ni los gorriones abajo mascullando las migas, ni las palomas hambrientas de algo más que pan. A veces me pregunto si yo no me parezco a esas palomas que picotean mendigando en la puerta de la iglesia, ellas concentradas en todo lo que aparezca atractivo a su buche y yo como mendiga también miro los muchachos y las chicas conversar entre arrumacos y mates. Y es que en definitiva, no quiero portar una de ellas, esas máscaras inútiles por donde se las mire, indolentes en sus facciones, incapaces de pronunciar palabras que se ahuequen en tu mano, ni tienen esa ansiedad de escarbar tu costado sensible que en mi caso soy toda así, toda músculo sensible; los huesos no tienen cómo darle solución a mi contextura y entonces, yo ando y ando dando vueltas en la plaza, esquivando las máscaras, alentando a los gorriones y a las palomas.
                                                                             J.G.