El
Gran Dictador.
El argumento de “El Gran Dictador” narra las
aventuras de un barbero judío, amnésico desde la Primera Guerra Mundial (1914),
que recobra la memoria al subir al poder el dictador Hynkel. Luego de una serie
de peripecias, el barbero termina en un campo de concentración. Mientras Hynkel
se ausenta momentáneamente del país, el barbero se evade del campo, disfrazado
con uniforme militar. Debido a su parecido físico con el dictador, es
confundido con éste, y en la confusión pronuncia un gran discurso humanista,
ante el estupor de los acólitos de Hynkel.
“Lo siento, no quiero ser emperador. No es
mi deseo. No quiero conquistar a nadie. Quiero ayudar a todos: judíos, negros y
blancos. Debemos ayudarnos mutuamente.
Los humanos queremos ser felices. No
queremos odiar ni despreciar a otros. En este mundo hay sitio para todos; la
tierra es rica. Podríamos vivir libre y maravillosamente; pero perdimos el
rumbo. La codicia envenenó nuestras almas, impuso el odio y trajo miseria y
muerte.
Desarrollamos la velocidad pero la
aprisionamos en máquinas que proveen abundancia a la vez que producen
privaciones. Nuestra sabiduría nos convirtió en cínicos; nuestra destreza nos
ha hecho crueles. Pensamos demasiado y sentimos poco.
Más que maquinarias necesitamos humanidad;
más que astucia, bondad. Sin estas cualidades la vida será violenta y todo
estará perdido. El avión y la radio nos acercan. La índole de estos inventos
exige bondad en los hombres. Pide hermandad universal, unidad.
Mi voz llega a millones de hombres
desesperados, víctimas de un sistema que tortura y encarcela a inocentes. A
quienes me oyen les digo: no desesperen. Esta miseria que nos arrasa es
producto de la codicia, de la amargura de hombres que temen el progreso humano.
Soldados, no se entreguen a los necios que
los desprecian, que les dicen qué pensar y qué sentir; que los tratan como
ganado y los usan como carne de cañón. No se entreguen a estos hombres
irracionales con mentes de máquina y corazones de máquina. Ustedes no son
máquinas ni ganado: ustedes son hombres. Guardan el amor a la humanidad en sus
corazones. Ustedes no odian. Sólo los que no son amados odian.
Soldados, no peleen por la esclavitud sino
por la libertad. (…)
Ustedes, el pueblo, tienen el poder, tanto
para construir máquinas como para crear felicidad. Tienen el poder de
transformar esta vida en libre y hermosa; de hacer que constituya una aventura
maravillosa. En nombre de la democracia, usemos ese poder.
Unámonos y luchemos por un mundo nuevo y
decente; que dé la oportunidad de trabajar y brinde un futuro. Con estas
promesas los salvajes asumen el poder. Pero mienten, no cumplen con su palabra.
Los dictadores esclavizan al pueblo. Ahora debemos luchar para hacer realidad
esas promesas. Luchemos para liberar al mundo y derribar las barreras; para
eliminar la codicia, el odio y la intolerancia. Luchemos por un mundo donde la
ciencia y el progreso conduzcan a la felicidad de todos.
Soldados, en nombre de la democracia,
¡unámonos!"
Charles Chaplin (fragmento, 1940)
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Charles Chaplin
"El gran dictador" |