martes, 30 de septiembre de 2014


Dudar del ensueño
que provoca aspirar
los últimos vestigios
del rocío matinal
sería como enardecer
una palabra
que no encuentra
a su oyente.

El milagro imperceptible
de estar nuevamente
despiertos,
exalta una voluntad
que no se deja atrapar
en el olvido
o en la locura.

                   J.G.


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