Hay veces que aparecen pequeños pétalos del geranio dispersos en el piso del balcón. Cuando abro la puerta ventana y los veo, pienso que es molesto barrerlos aunque sea dulce el aroma. Los geranios tienen forma de corazón; son pequeños y persistentes en su andar con el viento de la madrugada. Parece que quieren decirme que el amor ha llegado como ha llegado la primavera. Yo no soy de las que creen en las frases remanidas que aparecen en todas partes como en los avisos publicitarios o en las paredes que aún se pintan misteriosamente ni tampoco en las escenas en las plazas entre los chicos cuando se miran tan de cerca que el beso es inevitable ni tampoco en las sombras, cuando llega la noche, en los altos edificios cuyas ventanas están abiertas y se recortan las figuras tras las cortinas. Pero ahora, estos pétalos de geranio con forma de corazón entrando a través del balcón, atrevidos en su hacer, insisten en que ya es tiempo de creer, me hacen pensar en que los ciclos se suceden en un renacer en este día de octubre y que mi corazón, como el de los geranios, tendrá que preparase para abrir la puerta de casa y mirarte, por fin, a los ojos.
J.G.

No hay comentarios:
Publicar un comentario