Martes 14 de marzo:
Estoy buscando citas, leyendo textos para
escribir la contratapa del libro de Nelly. También leyendo sus poemas. Es la
segunda contratapa que me piden en lo que va del año. Me siento feliz por la
confianza que me han dado en lo que pueda hacer aunque no sé cómo se hace.
Casualmente en internet encontré un libro con discursos de recepción del Premio
Nobel. Entre ellos, elijo a Eugenio Montale y John Steinbeck para leer. Montale
se pregunta por la poesía, si es posible que perviva en tiempos en que el arte
ha asumido nuevas formas de producción y circulación. Lo escribió en 1975, el
año en que nací. Si dijo esto hace ya casi cuarenta y dos años, puedo asegurar
que la poesía sigue siendo tan necesaria para el espíritu humano como lo son
las demás artes. No importa su forma, la manera en que circula, sino su
esencia. Hablo por mí y por aquellos que supongo, forman parte de la minoría
que la lee y que la escribe. A John Steinbeck le interesa el hombre en su
condición humana y el rol del escritor como observador de su realidad. Me quedo
con esta frase: “El hombre es su mayor amenaza y su única esperanza”. Lo dijo
en 1962. Qué actual. He leído un par de libros del autor. El que más recuerdo
es el que me regalara tía Graciela, La
perla. La avaricia del hombre ante todo, aún ante la vida misma. Un año le
leí con mis alumnos de la Escuela San Francisco. Tiene un final triste, como
muchos finales de la vida cotidiana. Ahora los libros para adolescentes son
distintos, aunque el de Steinbeck no es para una edad determinada. Los libros
de ahora abundan en situaciones realistas con finales más o menos reparadores.
Querrán vender más, supongo.
Miércoles 15 de marzo:
Escribo la contratapa
del libro. Al lado mío tengo un libro de Borges que compila su última
producción. En el prólogo
a “Los conjurados” el autor dice que “escribir un poema es ensayar una magia menor” y que “el
instrumento de esa magia es asaz misterioso”. Tomo esto último, la idea de que
el lenguaje tiene algo de mágico, y por lo tanto, lo envuelve un halo de misterio
que lo asocio a ese deseo que nos empuja a traducir nuestras emociones en
palabras que tomen forma de poema. Otros buscarán el lenguaje de la plástica,
de la danza o de la música para expresarse. Mariú eligió la pintura, como la
tía Graciela. Para mamá y papá fue la música, como lo fue también para la
abuela. Qué pena que en la escuela no haya tiempo para las expresiones
artísticas. Desde que recuerdo, en mi época era igual. Sufrí en los últimos
años de la secundaria no tener un espacio que me conecte con lo artístico.
Cuando les pregunto a mis alumnos muchos hacen actividades relacionadas con el
arte y el deporte. Todo fuera de la escuela. Si yo pudiera daría clases como en
el Liceo, sin mesas ni sillas, en el suelo de goma eva, sentados de chinito o
panza abajo, en medias. Sería genial. Y el olor a pata terrible.
J.G.
| Foto: Mariú Zeballos |
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